Las ventas masivas que golpearon a las compañías de software en Wall Street se han trasladado a Asia, donde los inversores están recortando exposición ante el temor de que la revolución de la inteligencia artificial altere de forma estructural los modelos de negocio del sector.
En Japón, varias firmas de servicios y soluciones de software lideraron las caídas, con descensos de doble dígito en algunos de los principales proveedores de tecnología. En India, el índice sectorial de grandes compañías de TI se desplomó con retrocesos generalizados en líderes como Tata Consultancy Services, Infosys y HCL, que devolvieron buena parte de las subidas logradas tras el reciente acuerdo comercial entre el país y Estados Unidos.
El contagio alcanzó también a China, donde empresas de software empresarial y servicios en la nube cedieron terreno, mientras gigantes de internet como Tencent, Alibaba o Baidu registraron retrocesos más moderados pero que refuerzan la idea de una recogida de beneficios amplia en todo el ecosistema tecnológico.
Todo ello se produce después de otra sesión bajista para el software estadounidense, con caídas significativas en compañías como ServiceNow, Salesforce o Intuit, que han arrastrado al Nasdaq a la baja en un contexto de creciente escepticismo sobre las valoraciones del sector.
Según señalan firmas de análisis como Yardeni Research, la inteligencia artificial ha convertido la tecnología en un “deporte cada vez más competitivo”. El detonante inmediato de la última corrección ha sido el anuncio de nuevas herramientas de IA por parte de Anthropic para su producto Cowork, que los inversores interpretan como un ejemplo más de la velocidad del cambio en el sector.
Hasta hace poco, las compañías de software gozaban de múltiplos elevados gracias a la recurrencia de suscripciones, la estabilidad de renovaciones y unas barreras de entrada relevantes. Ahora el mercado teme que la IA pueda automatizar parte de los flujos de trabajo que hoy monetizan estas empresas, presionar a la baja los precios y facilitar la entrada de nuevos competidores más ligeros y ágiles.
En este entorno, muchos inversores han optado por recortar riesgo de forma preventiva, provocando una compresión rápida de múltiplos en todo el sector, tanto en Estados Unidos como en Asia, a la espera de que las compañías demuestren con cifras que la IA es un motor de crecimiento y no solo una amenaza.
Según explican desde UBP y otras casas de inversión, la clave para que el sector vuelva a revalorizarse pasa porque las compañías prueben que pueden integrar la IA en sus productos para aumentar la propuesta de valor, mejorar la productividad de los clientes y reforzar su capacidad de fijación de precios, en lugar de ver cómo la tecnología erosiona sus ingresos.
Mientras eso llega, algunos gestores están rotando hacia segmentos donde perciben menor riesgo de disrupción directa, como el software de infraestructura (bases de datos, sistemas operativos, middleware crítico) o la ciberseguridad, donde la presión competitiva de la IA se ve compensada por una demanda estructural robusta y por el potencial de que las nuevas herramientas generativas permitan ofrecer servicios más avanzados y, por tanto, más rentables.
En resumen, el mensaje del mercado es claro: la IA ya no se descuenta solo como narrativa de crecimiento, sino también como factor de riesgo. Hasta que las empresas demuestren que pueden capturar ese valor, el sector de software –tanto en Estados Unidos como en Asia– seguirá expuesto a episodios de volatilidad intensa.