La corrección de Wall Street empieza a dejar una señal que el mercado no suele ignorar durante mucho tiempo: la valoración del S&P 500 ha bajado a una zona que en el pasado ha precedido recuperaciones relevantes. En medio de la guerra entre Estados Unidos e Irán, del repunte del petróleo y del miedo a un frenazo económico, el mercado ha comprimido múltiplos hasta un punto que vuelve a resultar mucho más atractivo para los compradores tácticos.
Scott Rubner, de Citadel Securities, subraya que el PER futuro del S&P 500 ha caído recientemente hasta 19,7 veces, ligeramente por debajo de la media de los últimos cinco años, situada cerca de 20,1 veces. Además, ese nivel coloca la valoración del índice en el percentil 6 de su rango del último año, es decir, en una zona claramente baja en comparación con lo que el mercado ha estado dispuesto a pagar durante los últimos meses.
Ese ajuste llega en un contexto complicado. El conflicto con Irán ha disparado el precio del crudo, ha reavivado el miedo a más inflación y ha elevado la preocupación por una posible desaceleración o incluso recesión. El resultado ha sido una caída visible del mercado, con un S&P 500 que arrastra un descenso importante en marzo. Pero precisamente ahí empieza a construirse la tesis alcista: el miedo ha enfriado tanto las valoraciones que algunas zonas del mercado vuelven a ser comprables.
Cuando la valoración vuelve por debajo de 20 veces beneficios, el mercado deja de parecer caro por inercia y empieza a exigir un análisis más serio del potencial rebote.
Rubner recuerda que, desde 2020, ha habido 13 ocasiones en las que el S&P 500 ha cotizado por debajo de ese umbral de 20 veces PER futuro. En esos casos, el comportamiento posterior del mercado fue, de media, bastante favorable. El rendimiento medio en los 30 días siguientes fue del 3,5%, mientras que la mediana alcanzó el 6,4%.
Eso no garantiza nada, pero sí aporta una referencia útil. Significa que, cuando el mercado estadounidense se comprime hasta estos niveles, suele estar más cerca de construir un rebote que de iniciar una nueva fase de expansión del castigo. Y eso encaja bastante bien con lo que podría estar ocurriendo esta semana, donde cualquier titular algo más favorable sobre la guerra está generando movimientos de alivio bastante visibles en futuros y en grandes índices.
Dentro de ese posible giro de mercado, Rubner sigue inclinándose por las grandes tecnológicas. Entre sus ideas preferidas destaca posiciones alcistas en Nvidia, Amazon, Alphabet y Apple, utilizando estrategias con opciones para aprovechar una recuperación táctica en abril.
La lógica es bastante clara. Si el mercado rebota tras una fase de compresión de múltiplos, es muy probable que el dinero vuelva primero a los valores más líquidos, más visibles y con mejor calidad de balance. Y ahí las grandes tecnológicas siguen partiendo con ventaja. No porque el riesgo haya desaparecido, sino porque siguen siendo los activos más fáciles de recomprar cuando cambia el sentimiento.
En un rebote técnico, normalmente no lideran los nombres más débiles. Lideran los gigantes con liquidez, balance fuerte y capacidad de absorber rápido el regreso del flujo comprador.
Eso sí, conviene no simplificar demasiado la tesis. Que la valoración haya mejorado no significa que el mercado haya dejado atrás los riesgos. El petróleo sigue siendo una amenaza para inflación y crecimiento, la guerra continúa abierta y el mercado sigue extremadamente sensible a cualquier cambio de tono político o militar. Lo que está cambiando no es el riesgo, sino la relación entre riesgo y precio.
Y ese matiz importa mucho. Wall Street no necesita un entorno perfecto para subir. Le basta con que el mercado haya descontado demasiado castigo frente a un escenario que, sin dejar de ser complicado, no termine siendo tan destructivo como se temía en el peor momento del miedo.
La tesis de Citadel tiene bastante lógica. El mercado ha corregido lo suficiente como para que el S&P 500 empiece a parecer de nuevo razonable en valoración. Y eso, combinado con un posicionamiento muy defensivo, puede dar bastante combustible a un rebote táctico si la geopolítica se estabiliza aunque sea un poco.
Nuestra lectura es clara: aquí no se está comprando tranquilidad, sino una compresión de múltiplos que históricamente ha dejado buenas ventanas de entrada. Y si hay recuperación, las grandes tecnológicas tienen bastantes papeletas para volver a liderarla.
Dicho sin rodeos: Wall Street sigue teniendo riesgos encima, pero ya no cotiza como si no hubiera ninguna oportunidad. Y cuando el mercado vuelve a niveles que precedieron rebotes anteriores, ignorarlo suele ser un error.