El debate sobre el supuesto declive financiero de Estados Unidos ha vuelto a quedar en entredicho. Pese a las advertencias recurrentes sobre la pérdida de atractivo de los activos estadounidenses, los datos siguen mostrando una realidad muy distinta: los inversores extranjeros continúan destinando grandes flujos de capital a Estados Unidos y el dólar mantiene su papel central en el sistema financiero internacional.
Hace un año, Wall Street debatía intensamente sobre el llamado “Sell America trade”. La preocupación era que las subidas arancelarias, las tensiones políticas y los ataques públicos a la Reserva Federal pudieran provocar una salida masiva de capital extranjero desde el dólar y los activos estadounidenses hacia otros mercados, oro, bitcoin o materias primas.
Ese escenario llegó a materializarse de forma puntual tras el anuncio de los nuevos aranceles en abril de 2025, pero no tuvo continuidad. La fortaleza del ciclo de inteligencia artificial, la profundidad de los mercados financieros estadounidenses y la elevada liquidez de los activos denominados en dólares han seguido actuando como un poderoso imán para los inversores globales.
Según el análisis de los datos oficiales del Tesoro estadounidense, los inversores extranjeros destinaron más de 1,4 billones de dólares a activos de Estados Unidos durante los 12 meses finalizados en abril de 2026.
Este flujo pone de manifiesto que, pese a las dudas sobre la deuda pública, los déficits fiscales o la política comercial, el mercado estadounidense continúa siendo el principal destino del capital global.
Además, el mercado bursátil de Estados Unidos sigue siendo, con diferencia, el más valioso del mundo, con cerca de la mitad de la capitalización bursátil global. Este liderazgo no se explica únicamente por el tamaño del mercado, sino también por la mayor rentabilidad sobre activos y sobre capital de las compañías estadounidenses frente a sus competidores en Europa, Japón o China.
Otro de los grandes argumentos de los más escépticos con Estados Unidos es la posible pérdida del estatus del dólar como moneda de reserva global. Las críticas se centran en los elevados déficits, el aumento de la deuda y el uso creciente de sanciones financieras por parte de Washington.
Sin embargo, aunque estas críticas tienen fundamento, muchos de estos problemas también afectan a otras grandes economías, como China, Japón o varias economías europeas. Además, las principales métricas que reflejan el papel internacional del dólar se han mantenido relativamente estables en los últimos años.
El dólar sigue teniendo una posición dominante en préstamos transfronterizos, deuda internacional, volúmenes de negociación en divisas, reservas oficiales, facturación de exportaciones y pagos internacionales a través del sistema Swift.
La cuota del dólar en las reservas de los bancos centrales ha bajado ligeramente desde diciembre de 2020, pero el ajuste no ha beneficiado de forma clara a sus principales competidores. Ni el yuan, ni el euro, ni el yen, ni la libra han conseguido ocupar ese espacio de forma significativa.
La fortaleza de la economía y de los mercados estadounidenses no parece fruto de una casualidad. Existen varios factores estructurales que siguen explicando su liderazgo global.
Una de las claves del dominio bursátil estadounidense es la capacidad de sus compañías para generar beneficios. Las empresas cotizadas de Estados Unidos han mostrado históricamente mayores niveles de rentabilidad sobre activos y sobre recursos propios que sus homólogas en otras grandes regiones.
Además, en términos absolutos, los beneficios de las compañías estadounidenses han crecido con mucha más fuerza durante los últimos años. Esta diferencia ha sido uno de los principales motores del mejor comportamiento relativo de Wall Street frente a otros mercados desarrollados.
Aunque algunas bolsas internacionales, como Corea del Sur, Europa o Japón, han tenido un buen comportamiento relativo durante el último año, los factores que han sostenido el liderazgo de Estados Unidos siguen presentes.
La combinación de liquidez, innovación, profundidad de mercado, calidad empresarial, rentabilidad corporativa y estatus del dólar continúa ofreciendo una ventaja difícil de replicar.
Esto no significa que los activos estadounidenses estén exentos de riesgos. La deuda pública, los déficits fiscales, la concentración del mercado en grandes tecnológicas y las tensiones comerciales seguirán siendo focos de atención. Sin embargo, por ahora, ninguno de estos factores ha sido suficiente para alterar de forma estructural el atractivo de Estados Unidos para el capital global.
El mensaje principal es claro: las advertencias sobre el declive financiero de Estados Unidos parecen, de momento, exageradas. Los flujos de capital, el peso de Wall Street en la capitalización global y la estabilidad del dólar como moneda de reserva siguen apuntando en la misma dirección.
Mientras no aparezca una alternativa clara al dólar y a la profundidad de los mercados estadounidenses, el capital global seguirá encontrando razones para permanecer expuesto a Estados Unidos.
En este contexto, la tesis de “vender América” sigue teniendo más fuerza como narrativa de mercado que como realidad respaldada por los flujos y los fundamentales.