Según Craig Burelle, estratega global macro de crédito en Loomis Sayles, el momento actual de la renta variable mundial puede definirse como un mercado alcista sustentado, principalmente, por unos beneficios empresariales muy sólidos, más que por una simple expansión de múltiplos. Es decir, el avance de las bolsas estaría apoyado en una mejora real de los fundamentales, no tanto en una valoración cada vez más exigente.
Burelle destaca el papel de los gastos de capital relacionados con la IA como uno de los grandes vectores del mercado para los próximos años. Las compañías más rentables y con mayor generación de caja son, precisamente, las que están liderando ese esfuerzo inversor, tanto en infraestructura como en capacidades de software y hardware.
En su opinión, este ciclo de inversión no será puntual, sino que podría sostener la expansión bursátil y la inversión interna durante un periodo prolongado. Esto encaja con la idea de una “segunda fase” del boom de la IA, en la que el mercado empieza a discriminar entre quienes tienen capacidad de monetizarla y quienes solo la utilizan como narrativa.
Otro elemento relevante del análisis de Loomis Sayles es que el crecimiento de los beneficios está empezando a desbordar el núcleo tecnológico. Según sus estimaciones, la mayoría de las compañías del S&P 500 tendrían margen para alcanzar tasas de crecimiento de beneficios de doble dígito en 2026, lo que implicaría un avance más amplio y menos concentrado que en los últimos años.
El optimismo se extiende también al segmento de small caps. El consenso para el Russell 2000 apunta a un incremento cercano al 20% en el beneficio en 2026, lo que abriría la puerta a una recuperación más sostenida de las compañías de menor capitalización, muy ligadas al ciclo doméstico estadounidense.
A nivel global, las expectativas de beneficios también son constructivas. El consenso contempla que las ganancias del MSCI Emerging Markets puedan crecer en torno a un 16%, las del MSCI Europe alrededor de un 9% y las del MSCI Japan cerca de un 7%. Se trataría, por tanto, de un impulso de resultados relativamente sincronizado entre bloques.
Dentro de Asia, excluyendo Japón, las perspectivas han mejorado de forma notable. Corea del Sur y Taiwán lideran esa mejora gracias a su fuerte exposición a la fabricación de semiconductores y a la inversión directa en tecnologías vinculadas a la inteligencia artificial, consolidando su papel como eslabones imprescindibles de la cadena global.
En conjunto, Burelle y su equipo se muestran optimistas con los mercados bursátiles mundiales. Incluso en el caso de que las actuales previsiones de beneficios resulten algo exageradas, consideran que aún sería posible registrar un comportamiento razonablemente sólido de las bolsas, siempre que el crecimiento no se desacelere de forma abrupta y que la inflación permanezca bajo control.
En resumen, el mensaje de Loomis Sayles es claro: la combinación de beneficios crecientes, capex en IA y mejora gradual fuera del núcleo tecnológico construye un escenario de renta variable global que, con sus riesgos, sigue ofreciendo un potencial atractivo a medio plazo.