Puntos clave:
La fuerte caída de las acciones vinculadas a la inteligencia artificial puede parecer una amenaza para el mercado alcista, pero Robert Ross considera que podría producir precisamente el efecto contrario: eliminar excesos, reducir valoraciones y ampliar el liderazgo bursátil.
El índice de semiconductores de Filadelfia ha retrocedido más de un 20% desde máximos, entrando técnicamente en mercado bajista. Sin embargo, el S&P 500 continúa acumulando una subida cercana al 10% en 2026, lo que indica que la debilidad de la IA no se ha trasladado de forma generalizada al conjunto del mercado.
Ross destaca que el ETF Invesco S&P 500 Equal Weight, que pondera por igual a las compañías del índice, alcanzó recientemente nuevos máximos históricos. También ha aumentado el número de valores que cotizan por encima de su media móvil de 200 sesiones.
La lectura es clara: el capital está saliendo de las áreas más saturadas de la temática de IA y desplazándose hacia sanidad, financieras, valores defensivos y determinadas grandes tecnológicas.
Durante meses, fabricantes de memoria, servidores, procesadores y equipos para centros de datos registraron avances extraordinarios. Empresas como SanDisk, Dell o Intel comenzaron a comportarse como si el crecimiento de la inversión en IA no tuviera límites.
Ese tipo de euforia rara vez es sostenible. Las correcciones permiten que los beneficios empresariales se aproximen a las cotizaciones y reducen el riesgo de una caída mucho más desordenada.
La caída de las cotizaciones no implica que haya terminado el ciclo de inversión en inteligencia artificial. Los analistas esperan que los beneficios del sector de semiconductores aumenten alrededor de un 133% interanual, mientras los fabricantes de chips podrían representar cerca de la mitad del crecimiento de los beneficios del S&P 500 en el segundo trimestre.
Ross admite que las acciones del sector podrían no haber alcanzado todavía su suelo definitivo, pero considera que se encuentran cerca de niveles más atractivos. De hecho, afirma que ha aprovechado la corrección para comprar acciones relacionadas con IA.
Uno de los principales riesgos es confundir el número de posiciones con una verdadera diversificación. Un inversor puede poseer acciones de fabricantes de memoria, servidores, chips, centros de datos y pequeñas tecnológicas, pero todas ellas dependen de una misma variable: el crecimiento del gasto de capital en IA.
Cuando esa operación funciona, todas las posiciones suben al mismo tiempo. Cuando se corrige, toda la cartera cae de forma simultánea, haciendo que una corrección sectorial parezca un desplome generalizado del mercado.
La solución propuesta por Ross consiste en mantener la exposición a la inteligencia artificial dentro de una estructura más equilibrada, combinándola con fondos indexados, compañías de elevada calidad, acciones de valor y una reserva de liquidez.
La volatilidad es el precio que pagan los inversores por aspirar a rentabilidades superiores. No es razonable esperar ganancias del 50% o el 100% en valores de alto crecimiento sin asumir retrocesos ocasionales del 20% o superiores.
Según Robert Ross, la corrección actual funciona como una válvula de escape: enfría el sentimiento, reduce la especulación y permite que nuevos sectores participen en las subidas. En lugar de destruir el mercado alcista, podría estar creando una base más sólida para que continúe.