Europa Press
La bolsa española ha comenzado la sesión con un tono claramente bajista. El Ibex 35 cede en la apertura más de un 1,2% y vuelve a situarse por debajo de los 18.300 puntos, en una jornada marcada otra vez por el repunte del riesgo geopolítico y por el fuerte rebote de la energía. El mercado había intentado cerrar la semana pasada con una lectura más optimista, pero los acontecimientos del fin de semana han devuelto la tensión al centro del tablero.
El detonante vuelve a estar en el conflicto entre Estados Unidos e Irán. El ataque y captura por parte de Washington de un carguero iraní en el golfo de Omán ha elevado el nivel de confrontación, y eso ha bastado para que el mercado vuelva a descontar problemas más serios en el estrecho de Ormuz, uno de los puntos más sensibles para el flujo global de crudo y gas.
La reacción ha sido inmediata en las materias primas. El Brent repunta con fuerza y vuelve a moverse por encima de los 95 dólares por barril, mientras que el WTI se aproxima a la zona de los 89 dólares. Al mismo tiempo, el gas europeo TTF también registra una subida relevante, lo que complica aún más el panorama para Europa.
Este movimiento vuelve a poner sobre la mesa el peor canal de transmisión del conflicto: la energía. Si Ormuz sigue tensionado, el mercado tendrá que volver a recalcular inflación, crecimiento y política monetaria. Y ahí Europa parte con una vulnerabilidad mayor que Estados Unidos, por su dependencia energética y por el impacto más directo que puede sufrir el tejido empresarial.
La clave no es solo que suba el crudo. Lo importante es que el mercado empieza otra vez a asumir que la tensión en Ormuz puede durar más de lo que se pensaba hace apenas unos días.
Dentro del selectivo español, el comportamiento vuelve a dejar un patrón bastante lógico. Repsol lidera las subidas al verse favorecida por el repunte del petróleo, acompañada por nombres como Solaria y Endesa. En el lado contrario aparecen los valores más expuestos al ciclo, al transporte o a una posible pérdida de impulso económico, con IAG, ArcelorMittal y Amadeus entre los peores de la apertura.
Es una rotación muy típica de este tipo de sesiones: el dinero sale de activos más sensibles al crecimiento y busca refugio relativo en compañías que pueden beneficiarse del alza energética o que presentan un perfil más defensivo.
La presión no se limita a Madrid. Las principales plazas europeas también arrancan en negativo, con caídas en Fráncfort, París y Londres. En contraste, Asia ha mostrado algo más de aguante, lo que confirma que el golpe está siendo especialmente sensible en Europa por su exposición más directa a la energía y a las implicaciones del conflicto sobre suministro y costes.
En paralelo, el euro se mantiene relativamente estable frente al dólar, mientras la rentabilidad del bono español a diez años repunta hasta el entorno del 3,44%. Son movimientos todavía contenidos, pero coherentes con un mercado que vuelve a colocarse en modo prudente.
Nuestra lectura es directa: el mercado se precipitó al descontar paz. Ahora está corrigiendo ese exceso de optimismo. Mientras no haya una normalización real en Ormuz, lo razonable es esperar volatilidad, castigo en sectores cíclicos y mejor comportamiento relativo en energía y defensivos.