El mercado ha vuelto a dejar fuera a una parte importante del inversor particular. Esa es la tesis que desarrolla Nora Redmond al recoger la visión de Tom Lee, jefe de análisis de Fundstrat, quien considera que muchos minoristas no supieron reaccionar a tiempo ante la recuperación en V del S&P 500. Mientras el índice ha seguido marcando máximos históricos, buena parte de ese dinero se quedó en liquidez o directamente vendió en el peor momento.
Según explica Nora Redmond, Tom Lee cree que el principal error del inversor minorista fue esperar una recuperación más lenta y gradual. Sin embargo, la historia bursátil muestra justo lo contrario en muchos episodios: cuando el mercado decide girarse, lo hace con rapidez, dejando fuera a quienes aguardan una señal perfecta. Eso fue, precisamente, lo que ocurrió con la recuperación reciente del mercado estadounidense.
Mientras algunos fondos aprovecharon las caídas para comprar, muchos particulares optaron por acumular efectivo y mantener una visión claramente bajista. El resultado fue que el rebote les sorprendió sin apenas exposición. Para Tom Lee, este detalle no es menor, porque deja abierta la puerta a un nuevo flujo comprador si ese dinero empieza ahora a reincorporarse al mercado.
La primera razón que aporta Tom Lee, según resume Nora Redmond, es la llamada “niebla de la guerra”. Su idea es que las bolsas suelen tocar suelo al principio de los conflictos, no cuando reina la tranquilidad. La segunda es igual de incómoda para muchos inversores: el mercado no espera buenas noticias para girarse, sino que a menudo deja de caer mientras todavía dominan los titulares negativos.
La tercera razón tiene que ver con el comportamiento clásico del mercado. Nadie avisa cuándo se ha hecho el suelo. No hay una campana que suene en el punto exacto en el que conviene comprar. Según Lee, eso explica por qué tantos inversores se quedaron esperando una confirmación que nunca llegó de forma evidente. Y la cuarta razón apunta al efecto del gasto ligado a contextos de guerra, que puede terminar sosteniendo la economía y también las estimaciones de beneficios empresariales.
Para Tom Lee, los grupos que mejor han resistido desde el inicio del conflicto son precisamente los que tienen más opciones de seguir liderando. Nora Redmond destaca entre ellos a la gran tecnología, con mención expresa a los Siete Magníficos, además de las criptomonedas como bitcoin y ethereum. También aparecen en esa lista los sectores industrial y financiero, que podrían beneficiarse si continúa la mejora del apetito por riesgo.
La idea no es solo táctica, sino también psicológica. Si el inversor minorista empieza a regresar, es probable que no lo haga por los segmentos más defensivos, sino por aquellos activos que ya han demostrado fuerza relativa y que además concentran más atención mediática y más potencial de movimiento.
La tesis de Fundstrat es clara: el rally más odiado podría no haber terminado. Pero eso no significa que esté exento de fragilidad. Que el minorista vuelva a entrar puede alimentar la subida, sí, pero también puede ser una señal de madurez del movimiento si esa entrada responde más al miedo a quedarse fuera que a una mejora estructural del contexto.
Con todo, el argumento de Tom Lee tiene lógica: si la primera fase del rebote se construyó con muchos inversores aún escépticos, la siguiente ola puede venir de quienes todavía no han participado. Y ahí reside, precisamente, el combustible que sigue viendo el mercado.