Savita Subramanian, responsable de estrategia cuantitativa y de renta variable estadounidense en Bank of America Securities, ha puesto sobre la mesa un escenario prudente para 2026. Según explicó en el medio original durante una entrevista en CNBC, su objetivo para el S&P 500 a cierre del próximo año es 7.100 puntos, lo que implicaría una subida aproximada del 4% frente a los niveles actuales. El índice venía de cerrar en torno a 6.827 y, recientemente, llegó a superar por primera vez la zona de los 6.900.
Lo relevante no es solo el número: Subramanian advierte de un 2026 en el que podríamos ver compresión múltiple (PER a la baja), es decir, un mercado que no necesita caer en beneficios para rendir menos si las valoraciones se ajustan.
Según detalla Subramanian, el problema no es que la economía tenga que hundirse, sino que el mercado está dominado por compañías con un perfil que no es el más sensible al ciclo tradicional. En su lectura, la composición actual del S&P 500 está muy condicionada por valores vinculados a inteligencia artificial y otras temáticas de crecimiento, y ahí es donde ve el riesgo de “pasarse de precio” si el entusiasmo se enfría.
Además, su escenario incluye que ciertas áreas que han sido el motor del mercado podrían enfrentar una ligera corrección en 2026. Dicho de otro modo: aunque el índice suba, el camino podría ser más exigente, con menos viento de cola por valoración y más dependencia de resultados reales.
Su previsión contrasta con la de otros estrategas que, según recopila CNBC, esperan que la IA alargue el ciclo alcista. Se citan objetivos más altos, como los 8.100 puntos que contempla John Stoltzfus (Oppenheimer), los 8.000 de Deutsche Bank o los 7.700 de Tom Lee (Fundstrat). Frente a esas cifras, 7.100 destaca por ser un planteamiento de subida contenida.
Aquí está el choque de narrativas: unos ven la IA como motor adicional de beneficios y productividad; Subramanian pone el foco en la segunda derivada, especialmente si la IA empieza a trasladarse al empleo y al consumo.
Según la estratega de BofA, si la IA mantiene su éxito, es razonable pensar que también traerá automatización y potencial destrucción de puestos de trabajo. Y si ese impacto se amplía desde los segmentos de renta más baja hacia un conjunto mayor de consumidores, el patrón de gasto podría cambiar. En esencia, su preocupación es que el mercado esté “comprando” simultáneamente lo mejor de todos los mundos sin pagar el coste de esa transición.
Desde el punto de vista de cartera, su recomendación fuera de consenso es clara: sobreponderar consumo básico (más defensivo) e infraponderar consumo discrecional (más dependiente del ciclo y de la fortaleza del consumidor). Para nosotros, el mensaje práctico es que 2026 podría exigir más disciplina: no solo elegir “buenas historias”, sino vigilar de cerca valoración, rotación sectorial y sensibilidad del gasto del hogar.