En su análisis sobre la exuberancia irracional del mercado, Bret Jensen detalla cinco señales concretas que, combinadas, dibujan un escenario de elevada fragilidad para las acciones estadounidenses.
El PER de Shiller se mueve en niveles próximos a los máximos históricos, comparables a los de la burbuja de las puntocom. Además, más del 30% de la capitalización del mercado estadounidense cotiza por encima de 10 veces ventas, algo muy poco habitual. Históricamente, estos niveles han anticipado rentabilidades reales muy bajas o negativas a medio plazo.
La deuda de margen ha superado los 1,2 billones de dólares, creciendo más de un 35% interanual. Como porcentaje de la oferta monetaria M2, supera el 5%, un umbral que en el pasado precedió a fuertes correcciones tras 2000 y 2008.
El dividend yield del S&P 500 se sitúa cerca de mínimos de varias décadas. Esto implica que casi toda la rentabilidad proviene de la subida del precio de las acciones, sin el soporte que tradicionalmente ofrecían los dividendos en fases de corrección.
Las diez mayores compañías concentran alrededor del 40% de la capitalización total del índice. Este nivel de concentración no se veía desde finales de los años 90 y aumenta el riesgo de caídas abruptas si falla el liderazgo de unos pocos valores.
La prima de riesgo de la renta variable frente al bono estadounidense a 10 años es negativa. En otras palabras, el inversor no recibe una compensación adicional por asumir riesgo bursátil, una señal clásica de mercados excesivamente optimistas.