Según explica Fred Imbert, el mercado vive una divergencia llamativa: el S&P 500 se está quedando atrás frente al oro. Mientras el índice se atasca en torno a los 7.000 puntos, el metal precioso encadena máximos históricos y ha superado por primera vez los 5.300 dólares por onza. En los últimos doce meses, los futuros sobre oro han subido alrededor de un 90%, frente a un avance cercano al 15% del S&P 500.
El estratega jefe de renta variable de Stifel, Barry Bannister, subraya que este tipo de ruptura relativa es extremadamente infrecuente. Según sus cálculos, un desfase tan acusado entre bolsa y oro solo se ha producido cuatro veces en el último siglo. En todos esos episodios, el comportamiento posterior no fue favorable para los inversores en acciones: el S&P 500 permaneció años moviéndose en un amplio rango lateral, sin grandes avances sostenidos.
Bannister advierte de que pensar que esta vez tanto el oro como las acciones pueden seguir subiendo con fuerza a la vez implicaría un escenario de “huida masiva del dinero fiduciario”, algo que, recuerda, históricamente “nunca ha terminado bien” para los mercados.
Gran parte del impulso del oro viene de un movimiento global de reducción de exposición al dólar estadounidense. Muchos inversores están ajustando posiciones ante las previsiones de recortes de tipos por parte de la Reserva Federal, mientras otros buscan cobertura frente a la incertidumbre de política económica y geopolítica asociada a la administración Trump y a los cambios en la Estrategia de Seguridad Nacional de EE. UU.
El índice dólar, que mide el comportamiento de la divisa frente a una cesta de seis monedas principales, acumula una caída de más del 10% en el último año. Además, el billete verde viene de registrar su peor sesión diaria desde abril del año pasado, después de que Trump declarara que el dólar “no ha caído demasiado”, comentario que el mercado interpretó como una señal de tolerancia a una divisa más débil.
En este entorno, el oro actúa como activo refugio y como alternativa a las divisas tradicionales, mientras que las valoraciones de la renta variable tras varios años de fuertes subidas invitan a una mayor prudencia.
Tras tres años consecutivos de subidas de doble dígito en el S&P 500, Bannister considera plausible que el índice entre en una fase de consolidación, más que de caídas profundas pero con un potencial de revalorización mucho más limitado. La divergencia con el oro sería, en este contexto, una señal adelantada de que el ciclo alcista maduro de la bolsa estadounidense entra en una nueva fase.
Los mercados aguardan además un posible “catalizador” adicional: la decisión de la Fed y la rueda de prensa de Jerome Powell. La Reserva Federal anunciará hoy su último movimiento de política monetaria y, media hora después, Powell ofrecerá su valoración de la economía y de la trayectoria futura de tipos. Cualquier matiz sobre la inflación, el crecimiento o la estabilidad financiera puede amplificar los movimientos ya en marcha en oro, dólar y renta variable.
En conjunto, la señal que lanza la relación S&P 500/oro sugiere un entorno más frágil para la bolsa estadounidense en los próximos años, con mayor protagonismo de los activos refugio y de la gestión del riesgo frente a la búsqueda agresiva de rentabilidad.