El S&P 500 parece en calma… pero debajo hay una tormenta

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Capitalbolsa | 18 feb, 2026 14:45 - Actualizado: 19:11
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Puntos clave
  • Según Michael Lebowitz, el S&P 500 parece tranquilo, pero debajo hay una rotación agresiva entre sectores y estilos.
  • La volatilidad “del índice” está baja, pero la dispersión entre acciones es de las más altas desde 2023.
  • La señal a vigilar: si las correlaciones vuelven a subir y el índice cae, el mercado podría estar entrando en un tramo más delicado.

El titular lo resume todo: calma en la superficie, corrientes fuertes por debajo. Así plantea Michael Lebowitz su análisis del mercado estadounidense, con una idea muy visual tomada de Julio Verne: el S&P 500 apenas se mueve en rango, pero la “vida real” del mercado —lo que hacen sectores, factores y acciones individuales— está siendo mucho más violenta de lo que sugiere el índice.

La calma del índice: rango estrecho y poca volatilidad realizada

Lebowitz explica que el S&P 500 viene de un tramo alcista fuerte y, como suele ocurrir, ha pasado a una fase de consolidación: el avance se aplana y el índice entra en un rango estrecho. Para medir esa “calma” utiliza el ATR (Average True Range), una forma de medir volatilidad realizada. Su lectura actual ronda el 3%, cerca de la parte baja del rango desde 2015 y por debajo de su media de la última década.

A esto se suma que la volatilidad implícita (lo que el mercado “espera” que se mueva) no está en mínimos: está alrededor de 20, que no es poco, pero tampoco encaja con un escenario de sobresaltos inminentes. Es decir, el índice transmite tranquilidad y el mercado no descuenta una tormenta inmediata.

La paradoja: el S&P 500 parece “plano”, pero la actividad real se está desplazando a la microestructura del mercado: sectores, factores y valores.

Las corrientes subterráneas: dispersión y rotación al máximo

Donde el autor ve “corrientes fuertes” es en la dispersión de rentabilidades: la diferencia de comportamiento entre sectores y entre estilos (crecimiento vs valor, tamaño, momento, etc.). Lebowitz cuantifica esa dispersión mirando los cambios de precio a 20 días y calculando la desviación estándar: cuanto más se separan los rendimientos, más “furiosa” es la corriente.

Su conclusión es clara: la dispersión entre sectores está en niveles muy altos (segundo mayor nivel desde principios de 2023) y, en factores, también se observa un patrón de divergencia fuerte. Dicho en lenguaje normal: el dinero está entrando y saliendo de narrativas a gran velocidad, aunque el índice lo disimule.

La señal clave: correlaciones entre sectores

El punto más interesante del texto llega cuando mira las correlaciones entre sectores. En 2026, señala, la correlación media sería muy baja frente a 2025, lo que refuerza la idea de un mercado “descohesionado”: cada sector va a lo suyo. Y aquí mete una advertencia clásica: en crisis, las correlaciones suelen subir con fuerza (“todo cae a la vez”).

Ojo con el cambio de régimen: si las correlaciones empiezan a subir a la vez que el índice gira a la baja, la dispersión actual podría dejar de ser una rotación “sana” y convertirse en señal de un tramo más peligroso.

Lebowitz no afirma que la situación sea automáticamente bajista. De hecho, recuerda que periodos de alta dispersión suelen aparecer en transiciones de mercado, no necesariamente en mercados claramente alcistas o claramente bajistas. Muchas veces es simplemente el mercado “buscando” su siguiente régimen: qué narrativa manda, qué sectores lideran y qué valoración está dispuesto a pagar el inversor.

Qué significa para el inversor

La lectura práctica del autor es que estos entornos abren oportunidades: cuando se amplían las brechas de rentabilidad y valoración, la selección (y entender la rotación) puede generar mejor comportamiento que el índice. Eso sí, insiste en el matiz: la corriente es fuerte, pero por sí sola no es alarmante; lo preocupante sería ver cómo el mercado empieza a moverse “en bloque” y, además, hacia abajo.

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