Toño García, gestor de activos y divulgador financiero.
EL RALLY DE NAVIDAD, LO QUE DICE LA ESTADÍSTICA Y LO QUE NO GARANTIZA EL MERCADO
En los mercados financieros, las pautas estacionales constituyen una herramienta clásica para interpretar cómo determinados activos tienden a moverse de forma parecida en periodos muy concretos del año. Son patrones estadísticos, no certezas. Se apoyan exclusivamente en lo que ha ocurrido muchas veces antes, no en los fundamentos económicos de las empresas ni en el análisis técnico. La estadística manda, pero la estadística no promete nada porque trabaja con promedios, y un promedio nunca garantiza que el próximo dato siga el guion. La seguridad absoluta en Bolsa es una quimera que conviene recordar de vez en cuando.
Entre estas pautas destaca una de las más conocidas por profesionales, medios especializados e inversores veteranos: el Rally de Navidad, también llamado Rally de Fin de Año o Santa Claus Rally. Su definición es muy sencilla: es el comportamiento alcista que, de media, suele producirse en los últimos cinco días bursátiles del año y los dos primeros del año siguiente. Por eso, cada diciembre vuelven a escucharse referencias a esta pauta, como si fuera un ritual más del cierre de ejercicio.
La estadística incluso sostiene una idea inquietante: cuando el Rally no aparece, el año siguiente suele ser pobre para las bolsas. No porque exista una ley natural que lo determine, sino porque esa correlación se ha repetido durante décadas y ha quedado grabada en la cultura de mercado.
La primera referencia seria a este fenómeno la realizó Wachel en 1942, en un análisis publicado por el Journal of the Business de la Universidad de Chicago. Estudió los movimientos del Dow Jones entre 1927 y 1942 y observó subidas recurrentes entre diciembre y enero. La idea quedó ahí, pero se consolidó tres décadas más tarde.
Fue Yale Hirsch, fundador del Stock Trader’s Almanac, quien en 1973 dio forma moderna al concepto tras estudiar el comportamiento histórico de los mercados. Hirsch, una de las figuras más influyentes en el análisis estacional, observó que esos siete días bursátiles —los cinco últimos del año y los dos primeros del siguiente— ofrecían una tendencia sólida a la recuperación del mercado. Años después, ya en 2019, reafirmó su tesis: cuando el Rally no se cumple, el ejercicio siguiente tiende a ser bajista o, en el mejor de los casos, lateral.
No existe una explicación única ni unánime, pero varios factores confluyen en esas fechas:
Nada de esto garantiza nada, pero sí ayuda a explicar por qué el fenómeno se repite con una frecuencia superior a la del azar.
No. Y precisamente por eso sigue siendo un fenómeno estadístico, no una verdad de mercado. Hay años en que la pauta simplemente no aparece. En ocasiones, incluso se adelanta: si los inversores creen que el Rally llegará, pueden comenzar a posicionarse semanas antes, trasladando la subida a noviembre o principios de diciembre. Cuando ocurre, se dice que la pauta “se ha adelantado”.
Aun así, los estudios históricos muestran que comprar a finales de diciembre y vender en los primeros días de enero, durante un periodo largo de años, ha ofrecido rendimientos positivos de media. Por eso el Rally se considera una de las pautas estacionales más rentables y consistentes. Pero conviene insistir que la estadística describe lo que ha pasado, no lo que pasará.
El Rally de Navidad suele mencionarse junto al conocido Efecto Enero. Según esta pauta, si el mercado suma ganancias al cierre de la quinta sesión del año, el ejercicio completo tiende a ser alcista. Si esas primeras jornadas acumulan pérdidas, la probabilidad de un año complicado aumenta. Son correlaciones observadas durante décadas, no leyes universales.
Las pautas estacionales no deben interpretarse como recetas de inversión sin riesgo. Sirven para orientar, nunca para decidir por sí solas. La operativa debe apoyarse en un método claro, en análisis previo y en criterios objetivos. Lo que aporta este Rally es simplemente una fotografía estadística del comportamiento del mercado en momentos muy concretos del calendario.
Como cada valor tiene su propio patrón, su liquidez y su sensibilidad al ciclo, la selección de activos sigue siendo esencial. La prudencia obliga a recordar la frase más repetida —y más ignorada— del sector financiero: “rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras”.
El Rally de Navidad es tradición, estadística y cultura bursátil. Nada más y nada menos. Una pauta útil como referencia, pero nunca un salvavidas.