Las bolsas europeas afrontan el inicio de abril con un claro rebote, apoyadas en la mejora del sentimiento global tras las últimas declaraciones de Donald Trump sobre la guerra con Irán. El mercado interpreta que Washington podría estar más cerca de una salida del conflicto, y esa lectura ha bastado para provocar una recuperación intensa después de un marzo especialmente duro para la renta variable del continente.
La reacción tiene lógica. Europa venía de cerrar su peor mes desde 2008, un dato que refleja hasta qué punto el repunte del petróleo, el deterioro del sentimiento y la tensión geopolítica habían castigado a los activos de riesgo. En ese contexto, cualquier señal que apunte a una desescalada en Oriente Medio tiene un efecto inmediato sobre la bolsa, el crudo y las expectativas macro.
El catalizador principal del rebote ha sido el mensaje lanzado por Trump, que aseguró que las fuerzas estadounidenses abandonarían Irán en “dos o tres semanas” y que la guerra terminaría con o sin acuerdo. Esa afirmación ha sido suficiente para que los inversores empiecen a descontar un escenario menos agresivo para energía, inflación y crecimiento.
Antes de la apertura, los futuros del Euro Stoxx 50 avanzaban alrededor de un 2%, los del FTSE 100 sumaban un 1% y los del DAX alemán también repuntaban cerca de un 2%. En el caso del CAC 40 francés, la subida rondaba el 1,3%. La mejora no se limitaba a Europa: Asia también mostraba ganancias y los futuros de Wall Street apuntaban en la misma dirección.
En materias primas, el Brent moderaba ligeramente su precio y se situaba cerca de los 103,8 dólares por barril, mientras el WTI cotizaba en torno a los 101,7 dólares. No son niveles bajos, pero sí reflejan cierto alivio frente a los picos de tensión vistos en sesiones anteriores.
La atención del mercado seguirá muy centrada en la comparecencia de Trump prevista para esta noche en Estados Unidos. El discurso puede convertirse en el principal factor de dirección para las próximas horas, porque servirá para medir si la Casa Blanca quiere realmente acelerar una salida del conflicto o si simplemente está tratando de enfriar momentáneamente al mercado.
En Europa, además, los inversores vigilarán los datos de empleo de la eurozona. No es la referencia con más capacidad de impacto en una jornada tan marcada por la geopolítica, pero sí puede ayudar a completar la lectura macro en un momento en el que el mercado intenta valorar hasta qué punto la economía europea puede resistir otro shock energético.
En el frente empresarial, Vestas fue uno de los nombres más seguidos tras anunciar un pedido de 135 megavatios en Estados Unidos para un proyecto no desvelado, apenas horas después de comunicar otro contrato de 90 megavatios en Reino Unido. El mercado recibió bien estas noticias, al entender que el flujo comercial del grupo eólico sigue tomando tracción.
Además, una gran entidad de inversión reiteró su recomendación de comprar sobre la compañía y elevó el perfil de su cartera de pedidos del primer trimestre hasta 4,2 gigavatios. La tesis es que la mejora del mercado alemán y las primeras señales de recuperación en Estados Unidos podrían seguir impulsando el crecimiento de los encargos.
En ese sentido, Nike fue la cara opuesta de la sesión. Sus acciones en Fráncfort replicaron la debilidad vista en Estados Unidos después de que la compañía advirtiera de una caída de ventas durante el resto del año, con especial presión en China, donde prevé un descenso del 20% en el trimestre actual. Es una señal negativa para un valor que sigue teniendo problemas de visibilidad en uno de sus mercados más importantes.
En conjunto, la sesión arranca con una lectura bastante clara: Europa rebota porque el mercado quiere creer en una desescalada. Pero el rebote, por ahora, sigue apoyado más en expectativas que en certezas. Y eso significa que cualquier decepción en el discurso de Trump o cualquier nuevo sobresalto en Oriente Medio puede devolver rápidamente la volatilidad al primer plano.