Como explica José Adinolfi en su análisis, todas las miradas del mercado se centran ahora en el Estrecho de Ormuz, el paso por el que transita aproximadamente una quinta parte del comercio energético mundial, incluyendo crudo y gas natural licuado. La pregunta no es menor: ¿estamos ante un repunte temporal del petróleo o ante un shock energético capaz de reavivar la inflación global?
Tras la operación militar del fin de semana y la represalia iraní, el tráfico de petroleros a través del estrecho se ha reducido prácticamente a cero, según datos citados de Rystad Energy. Aunque el gobierno iraní ha señalado que no planea cerrarlo formalmente, las advertencias de la Guardia Revolucionaria y la retirada de coberturas por parte de aseguradoras han paralizado de facto el tránsito.
Los mercados reaccionaron con rapidez: el crudo subió más del 7% tras la reapertura del domingo en Nueva York. Bloomberg Economics proyecta que, si el estrecho quedara bloqueado, el precio podría escalar hasta 108 dólares por barril, mientras que otros analistas, como Muyu Xu de Kpler, contemplan un rango de 120 a 150 dólares incluso ante un cierre breve.
Antes de la escalada, el crudo estadounidense cotizaba en torno a los 67 dólares. El salto potencial sería significativo y tendría efectos inmediatos sobre inflación, política monetaria y crecimiento económico.
A diferencia de crisis previas, la represalia iraní no se ha limitado a intercambios simbólicos. Según Jorge León, de Rystad Energy, los ataques contra bases estadounidenses y activos en Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí y Jordania suponen una ampliación estructural del conflicto, alejándolo de episodios breves y contenidos como el de junio pasado.
El Estrecho de Ormuz, de apenas 32 kilómetros en su punto más estrecho y con rutas navegables de solo 3 kilómetros, es extremadamente vulnerable a minas o bloqueos militares. Arabia Saudí y Emiratos pueden desviar parte del suministro por oleoductos alternativos, pero solo compensarían alrededor de un tercio de los flujos habituales.
En el pasado, Irán evitó cerrar el estrecho porque perjudicaría también a aliados comerciales como China. Sin embargo, tras el asesinato del líder supremo Ali Jamenei y de altos mandos militares, el régimen podría considerar medidas más drásticas.
En definitiva, el desenlace dependerá de si el patrón habitual de “shock y desescalada” vuelve a imponerse o si el conflicto entra en una fase más prolongada. Para los mercados globales, el mensaje es claro: Ormuz es ahora el principal termómetro económico del mundo.