La sesión del miércoles ha dejado una frase llamativa en los mercados. Según recoge Steve Goldstein, Marc Chandler, estratega jefe de mercado de Bannockburn Capital Markets, tituló su comentario con una referencia irónica: “Se entregó un taco el día después del Cinco de Mayo”.
El juego de palabras tiene lectura financiera. TACO es el acrónimo de “Trump Always Chickens Out”, una expresión utilizada por algunos operadores para describir la percepción de que Donald Trump lanza amenazas contundentes, pero después termina moderando su posición cuando aumenta el riesgo de impacto económico o financiero.
Chandler señala que hay un acontecimiento fundamental impulsando la propensión al riesgo en los mercados de capitales. Aunque el comentario es breve, la lectura del mercado parece clara: los inversores interpretan el cambio de tono de Trump como una reducción del riesgo de escalada inmediata.
Cuando el mercado percibe que una amenaza política o geopolítica pierde intensidad, suele producirse una rotación hacia activos de riesgo. Esto favorece a las bolsas, reduce la demanda de coberturas y puede presionar a la baja al dólar si los inversores abandonan posiciones defensivas.
El mercado no siempre compra certezas; muchas veces compra alivio. Y en esta sesión, el alivio parece venir de la percepción de que Trump puede rebajar el tono de sus amenazas.
La mejora del apetito por el riesgo está ejerciendo presión sobre el dólar. En fases de tensión, la divisa estadounidense suele actuar como activo refugio. Pero cuando los inversores reducen su percepción de riesgo, tienden a buscar exposición a renta variable, divisas cíclicas y activos más sensibles al crecimiento.
Este movimiento encaja con un mercado que viene reduciendo volatilidad y recuperando confianza tras semanas marcadas por la guerra con Irán, el repunte del petróleo y las dudas sobre inflación.
El concepto TACO se ha convertido en una forma rápida de resumir una pauta conocida por los inversores: amenazas fuertes, reacción de mercado, y posterior suavización del discurso. Si el mercado cree que esa secuencia vuelve a repetirse, el resultado inmediato es una mejora del sentimiento.
Pero la lectura debe manejarse con prudencia. Una cosa es que el mercado interprete un gesto como señal de distensión y otra que los riesgos hayan desaparecido. Si las negociaciones no avanzan o reaparecen titulares agresivos, el apetito por el riesgo podría revertirse con rapidez.
En definitiva, la frase de Chandler captura bien el tono de la sesión: los inversores han comprado la idea de que Trump puede moderar sus amenazas, y eso ha bastado para impulsar las bolsas y debilitar al dólar. Es un rebote de alivio, no necesariamente una solución definitiva al riesgo de fondo.