El mercado español arrancó la sesión del jueves con tono claramente defensivo. El Ibex 35 inició la jornada con un descenso del 0,51%, lo que llevó al selectivo a situarse por debajo de los 17.100 puntos, en una apertura muy condicionada por el nuevo repunte de las materias primas energéticas y por la incertidumbre geopolítica en Oriente Próximo.
Desde el inicio quedó claro que el foco del mercado volvía a estar en el precio del petróleo. El barril de Brent, referencia en Europa, llegó a moverse en el entorno de los 105 dólares, mientras que el WTI avanzaba hasta la zona de los 93 dólares. A ello se sumó también la presión en el gas natural, con el contrato TTF repuntando cerca de un 3% hasta los 54 euros por megavatio hora.
La subida del crudo refleja que el mercado sigue descontando un escenario de alta inestabilidad. Los inversores continúan recibiendo mensajes contradictorios sobre una posible desescalada en la guerra con Irán. Por un lado, desde Washington se insiste en la posibilidad de un acuerdo; por otro, desde Teherán se niega que existan negociaciones formales para poner fin al conflicto.
Ese choque de mensajes impide que se normalicen las expectativas a corto plazo. Mientras no haya una señal sólida de alto el fuego, el mercado seguirá aplicando una prima de riesgo al petróleo, al gas y, por extensión, a la renta variable europea.
La clave de fondo es sencilla: cuanto más tiempo permanezca el Brent en niveles elevados, mayor será la presión sobre inflación, márgenes empresariales y sentimiento inversor. En ese contexto, el castigo inicial a las Bolsas europeas resulta coherente.
Dentro del selectivo español, la apertura fue mayoritariamente bajista. Entre los valores más castigados destacaron:
En el lado positivo sobresalieron tres nombres concretos:
La reacción de Repsol encaja con la lógica sectorial de estas sesiones: cuando el petróleo sube con fuerza por motivos geopolíticos, el mercado busca refugio relativo en compañías energéticas capaces de beneficiarse de un entorno de precios más altos.
La debilidad no fue exclusiva de la Bolsa española. En los primeros compases de la jornada, las principales plazas europeas también cotizaban en negativo:
El mensaje del mercado es claro: la incertidumbre energética vuelve a imponerse sobre cualquier otro catalizador de corto plazo. Ni siquiera el mejor cierre previo de Wall Street ha sido suficiente para sostener el apetito por riesgo en Europa.
El problema para la renta variable europea no es solo el nivel actual del petróleo, sino la imposibilidad de saber cuánto tiempo seguirá abierta esta prima geopolítica. Ese factor complica la visibilidad para sectores industriales, consumo y transporte.
Además del conflicto en Oriente Próximo, el mercado sigue de cerca varias referencias empresariales y macroeconómicas. En España, el INE confirmó que la economía creció un 2,8% en 2025, mientras que el mercado también asimiló nuevas cifras del sector inmobiliario, con retrocesos tanto en compraventas como en hipotecas.
En paralelo, el euro cedía terreno frente al dólar y el interés del bono español a 10 años escalaba hasta el 3,53%, en otro recordatorio de que la tensión energética puede filtrarse rápidamente al resto de activos financieros.