El mercado de renta variable estadounidense ha vuelto a lanzar una señal que genera incomodidad entre los analistas técnicos: el llamado “Hindenburg Omen”. Según recuerda Joseph Adinolfi en MarketWatch, esta semana se ha registrado el tercer aviso en apenas seis días, después de otro grupo de señales similares a comienzos de noviembre, poco después de que el Nasdaq Composite marcase sus últimos máximos históricos de cierre.
En total, en los últimos seis meses se han contabilizado ocho señales Hindenburg, lo que configura un patrón en “racimo” que, en ciclos anteriores, ha aparecido cerca de techos relevantes de mercado. Al mismo tiempo, los principales índices han rebotado con fuerza en la última sesión, con el S&P 500, el Nasdaq y el Dow Jones recuperando parte del terreno perdido en una semana complicada para la tecnología.
El propio creador del informe de amplitud que lo populariza, Tom McClellan, advierte de que el Hindenburg Omen debe interpretarse como una señal de alerta, no como una garantía de que vaya a producirse una corrección inmediata.
El indicador fue desarrollado en los años noventa por Jim Miekka, un analista autodidacta que se ganó cierta fama entre los seguidores de la amplitud de mercado. El nombre hace referencia al desastre del dirigible alemán Hindenburg en 1937, una metáfora visual de un giro brusco en un entorno que parecía controlado.
Técnicamente, el Hindenburg Omen combina varios elementos sobre los valores que cotizan en la Bolsa de Nueva York (NYSE):
La lógica de fondo es que, cuando muchos valores marcan a la vez nuevos máximos y nuevos mínimos anuales dentro de un mercado que aún parece alcista por índice, la estructura interna se vuelve más frágil: la subida se apoya en menos compañías, mientras otras ya empiezan a deteriorarse con fuerza.
Históricamente, grupos de señales Hindenburg han precedido algunos techos relevantes (como el de comienzos de 2022 antes del mercado bajista posterior), pero también se han dado casos en los que no ocurrió nada grave después. Es una condición de riesgo elevado, no una predicción cerrada.
El repunte del viernes ha dejado al S&P 500, al Nasdaq Composite y al Dow Jones con subidas diarias cercanas o superiores al 2 %, tras varias sesiones de corrección concentrada en tecnología y valores de crecimiento. Sin embargo, la reiteración de señales Hindenburg refleja que, bajo la superficie, el mercado está viviendo una fase de rotación y dispersión mucho más intensa de lo que muestran los índices en solitario.
Tal y como destaca el trabajo recogido por MarketWatch, lo relevante no es tanto si una corrección será inmediata, sino el mensaje de fondo: la amplitud del mercado se está deteriorando en un contexto en el que conviven nuevos máximos con caídas muy acusadas en otros segmentos. Esa combinación es típica de fases de agotamiento de ciclo o, al menos, de tramos donde la volatilidad tiende a aumentar.
En resumen, la aparición de varios “Hindenburg Omen” en un periodo corto no significa que el mercado vaya a girar en V a la baja de forma automática, pero sí indica que el entorno es más frágil y que la lectura de la amplitud, los máximos y mínimos anuales y el comportamiento relativo entre sectores cobra más importancia que en fases de tendencia clara y homogénea.