La corrección de noviembre ha dejado una sensación engañosa en parte del mercado: ver caídas fuertes y pensar automáticamente en “oportunidad de compra”. Sin embargo, como recordaba Monica L. Correa al recoger la visión de David Bahnsen, fundador de The Bahnsen Group, muchos de los valores que más han caído siguen, incluso después del ajuste, claramente sobrevalorados. Comprar cualquier cosa solo porque ha retrocedido un 15% o un 20% no es inversión, es especulación.
Bahnsen insiste en que las compañías que más han sufrido el recorte en noviembre son, en su mayoría, nombres que venían de múltiplos extremos. Según relataba Correa, el gestor definía estos valores como “grotescamente sobrevalorados” y avisaba de que, aunque puedan rebotar con fuerza y “cazar una puja” en el corto plazo, ese tipo de movimiento es puramente especulativo. El ejemplo más citado fue Nvidia, con una corrección cercana al 20% a mitad de mes, pese a publicar resultados muy sólidos. El problema no fue la compañía, sino el precio al que cotizaba antes del ajuste.
Esa es la clave del mensaje de Bahnsen: una empresa puede seguir ejecutando muy bien y, aun así, no ser una buena inversión si se paga un múltiplo que asume un futuro perfecto. No se trata de cuestionar la calidad de las grandes tecnológicas, sino de reconocer que entrar a cualquier precio después de un simple “dip” puede ser una trampa.
En lugar de salir del mercado, Bahnsen propone rotar el riesgo hacia “mejores lados” del mercado. Tal y como recogía el artículo de Correa, el gestor pone el foco en dividendo creciente, apuestas de valor clásico y crecimiento a un precio razonable, frente al perfil de “pagar 60 veces beneficios esperando llegar a 80”. De hecho, noviembre dejó señales interesantes: el sector salud avanzó con fuerza y el consumo básico batió claramente al S&P 500, mientras muchas historias de inteligencia artificial y cripto perdían impulso.
Esta rotación encaja con una lectura más prudente del ciclo: no se trata de huir de la renta variable, sino de moverse hacia zonas donde el binomio rentabilidad-riesgo tenga más sentido. La lección que resalta Bahnsen es sencilla: no confundir “barato” con “ha caído mucho”, sino con “cotiza a un precio razonable para su calidad y su crecimiento”.
En paralelo, Michael Farr, también citado por Monica L. Correa, subraya que el cierre de 2025 es uno de los más difíciles que recuerda para los gestores. La razón principal es la fuerte concentración de carteras en unos pocos ganadores del año y la necesidad de equilibrar gestión del riesgo, impacto fiscal y búsqueda de nuevas oportunidades. Reducir posiciones extremadamente ganadoras sin destrozar la factura fiscal ni la estructura de la cartera se ha convertido en un auténtico ejercicio de equilibrio.
Al final, el mensaje combinado de Bahnsen y Farr, tal y como lo recoge Correa, es que llegamos a un punto del año en el que la disciplina pesa más que nunca. No basta con “comprar lo que más ha caído” ni con esconderse del mercado: hay que gestionar tamaños, múltiplos y expectativas con mucha más finura que en fases de subida indiscriminada.
Reflexión de Capital Bolsa
Desde Capital Bolsa pensamos que el mensaje de fondo es muy claro: no todo dip es una ganga. En un entorno de valoraciones tensas y carteras muy concentradas, preferimos un enfoque selectivo, orientado a negocios de calidad con precios razonables, frente a perseguir historias que dependen de que un PER ya exigente se vuelva todavía más extremo. Creemos que diciembre es un mes para rotar hacia valor y calidad, más que para apostar a rebotes especulativos en lo que ya venía caro.