El mercado está pendiente de Irán, del petróleo y de la posibilidad de un acuerdo que permita sostener el rebote reciente. Pero hay otro factor menos visible que también merece atención: la liquidez. Y ahí el 15 de abril, fecha límite para declarar impuestos en Estados Unidos, tiene bastante más importancia de la que parece.
La idea es sencilla. Durante los últimos meses, una parte del apoyo al mercado ha venido de un entorno con más dinero circulando en el sistema. Ese colchón ha ayudado a absorber tensión incluso en plena guerra con Irán. El problema es que ahora ese impulso empieza a perder fuerza, porque el flujo deja de ir en dirección favorable.
Cuando los contribuyentes esperan una devolución, suelen presentar antes sus declaraciones, lo que obliga al Tesoro a pagar reembolsos y deja más dinero moviéndose por el sistema financiero. Ese efecto se ha notado en febrero y marzo. Pero ahora ocurre justo lo contrario: llega el momento de pagar impuestos, y eso supone una salida de recursos desde bancos y cuentas privadas hacia el Tesoro.
Ese cambio importa porque el mercado no sube solo por expectativas o por resultados empresariales. También sube, o al menos aguanta mejor, cuando hay abundancia de liquidez. Y baja con más facilidad cuando ese apoyo se reduce.
La bolsa puede soportar muchos riesgos mientras haya dinero suficiente empujando por detrás. Cuando ese flujo se frena, cada amenaza pesa más.
La Reserva Federal ha estado ayudando a absorber parte de esa pérdida temporal de reservas con expansión de balance, pero el ritmo de apoyo también empieza a moderarse. Eso no implica necesariamente un problema inmediato. Lo que implica es que el mercado contará con menos red de seguridad en un momento en el que sigue muy expuesto a cualquier giro en Oriente Medio.
Ahí está el punto central. Con un acuerdo razonable entre Estados Unidos e Irán, esta reducción de liquidez puede ser manejable. Pero si el conflicto vuelve a escalar, el escenario cambia. Menos liquidez y más tensión geopolítica es una combinación bastante menos digerible para la renta variable.
Muchos inversores han pasado rápidamente del miedo a la confianza. El hecho de que el S&P 500 cotice por encima de los niveles previos al conflicto ha reforzado la sensación de que el mercado ya ha mirado más allá de la guerra. Pero esa lectura puede ser prematura si una parte de esa resistencia ha dependido precisamente de una liquidez excepcional que ahora empieza a desvanecerse.
En otras palabras, el optimismo actual puede estar apoyado en una base menos sólida de lo que parece. Si el dinero deja de entrar con la misma intensidad, el mercado necesitará certezas reales, no solo esperanza.
La cuestión no es solo si habrá acuerdo con Irán. La cuestión es si llegará antes de que el mercado pierda el apoyo de liquidez que le ha permitido aguantar tanto.
De fondo, el mercado sigue pendiente de cuatro interrogantes clave. Primero, si el bloqueo del estrecho de Ormuz será realmente efectivo. Segundo, si los hutíes podrían tensionar también Bab el-Mandeb. Tercero, si China desafiará de alguna forma ese bloqueo. Y cuarto, si habrá una segunda reunión entre Washington y Teherán en un plazo cercano.
Esas preguntas son las que separan un simple susto geopolítico de un problema serio para bolsas, inflación y crecimiento. Mientras no haya una respuesta clara, el inversor haría bien en no confundir alivio temporal con seguridad estructural.