¿Dónde han quedado los aranceles?

Enguerrand Artaz, estratega en La Financière de l’Échiquier

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Capitalbolsa | 15 dic, 2025 11:23
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Después de convertirse en un gran foco de tensiones a comienzos de año, los aranceles estadounidenses parece que han dejado a preocupar a unos mercados que coquetean con máximos históricos en este final de año.

Si nos fijamos en el conjunto de la economía mundial, la conclusión no es muy diferente, puesto que no se han materializado las hipótesis más alarmistas: la inflación no se ha disparado, el crecimiento no se ha ralentizado bruscamente y el comercio mundial no se ha desplomado. Casi se podría creer que la subida de los aranceles estadounidenses no ha existido nunca. Sin embargo, un vistazo a las cuentas del Tesoro de EE. UU. no deja lugar a dudas con esos más de 200 000 millones de dólares recaudados entre abril y noviembre de 2025, lo que supone multiplicar por cuatro los alrededor de 50 000 millones del mismo periodo del año anterior. He ahí una prueba irrefutable de que están en vigor, pero entonces, ¿por qué parecen tener tan poco efecto sobre la economía?

En primer lugar, cabe señalar que el arancel efectivo, que asciende al 11,5 %, sigue estando actualmente por debajo del tipo teórico si tenemos en cuenta el conjunto de los anuncios de la administración Trump (alrededor del 16,5 %). Más allá de los retrasos o suspensiones temporales en algunos gravámenes específicos, la explicación reside en que se hizo acopio de muchos bienes amenazados por los derechos aduaneros antes de su entrada en vigor. Eso ha reducido hasta ahora las necesidades de importaciones, lo que automáticamente se traduce en un descenso del tipo arancelario, de tal modo que los productos más gravados pesan menos en el total de las importaciones. A medida que las existencias acumuladas se consuman, el tipo efectivo debería seguir aumentando. Dicho de otro modo: el impacto máximo del incremento de los aranceles está por venir.

El efecto sobre la economía estadounidense se ha visto limitado, además, por los ajustes de precios aceptados por algunos exportadores. Así, se observa que los precios a la importación de los productos chinos han descendido un 2,5 % interanual[1], mientras que algunos fabricantes automovilísticos japoneses han reaccionado inicialmente recortando con fuerza los precios de sus productos con destino a EE. UU. Varios estudios demuestran también que se han registrado bajadas de precios en el sector del acero y el aluminio, afectado por un fuerte incremento de los aranceles. Sin embargo, parece que este primer acto reflejo de los exportadores, preocupados por mantener sus cuotas de mercado en EE. UU., está a punto de invertirse, puesto que los índices de precios a la importación de productos manufacturados procedentes de numerosos países están girando claramente al alza desde hace varios meses y algunas empresas, como los fabricantes automovilísticos japoneses Toyota y Subaru, han comenzado en fechas recientes a repercutir una parte del coste en el consumidor estadounidense.

En cuanto a los aranceles recaudados de forma efectiva, una parte parece haberse repercutido al consumidor. Prueba de ello es la subida que han experimentado durante estos últimos meses los índices de precios de los bienes, que desde sus máximos de mediados de 2023 habían descrito una tendencia ligeramente deflacionista. El resto ha sido absorbido presumiblemente por las empresas estadounidenses: por un lado, en unos márgenes que, salvo en el sector tecnológico, tienden ligeramente a la baja; por otro, en los gastos, sobre todo en el empleo, donde se observa una congelación de la contratación y los primeros ajustes a la baja de las plantillas.

Si bien los aranceles estadounidenses han sido absorbidos por diferentes áreas de la economía mundial y en parte tienen efectos retardados, parecen destinados a tener un peso un poco mayor en la economía estadounidense durante los próximos meses, entre el aumento del tipo efectivo cuando se hayan consumido las existencias y la subida de los precios de los exportadores. Además, en un momento en el que el nivel de los aranceles está estabilizado, las empresas —precavidas hasta ahora— podrían sentirse tentadas de repercutir al consumidor una parte mayor de las alzas de costes. Aunque parece que la cuestión ha dejado de preocupar a los inversores, convendría no perderla de vista, más aún si cabe si el Tribunal Supremo fallase, contra todo pronóstico, a favor de la Casa Blanca en relación con la legalidad de los aranceles recíprocos.

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