Una idea sencilla, pero potente: a las bolsas estadounidenses les suele ir especialmente bien cuando la inflación se enfría en lugar de acelerarse. Así lo resume el periodista Jules Rimmer al recoger una nota de investigación de Zweig-DiMenna: el comportamiento del S&P 500 cambia de forma notable según la dirección de la inflación, incluso aunque el nivel “parezca” moderado.
Según la nota firmada por Michael Schaus (CIO) y Matthew Finkelstein (gestor de cartera) en Zweig-DiMenna, en los últimos 50 años el S&P 500 ha registrado una rentabilidad media cercana al 18,5% cuando el crecimiento del IPC está descendiendo. Es decir, no hablan solo de inflación “baja” o “alta”, sino de algo más práctico: si va a mejor o va a peor.
La comparación es llamativa: cuando el IPC estaba por debajo del 4% pero seguía subiendo, el rendimiento medio del S&P 500 se quedaba en torno al 8,5%. En otras palabras, el mercado premia mucho más el descenso de la inflación que el simple hecho de que esté “en niveles aceptables”.
La lectura detrás de estas cifras es bastante intuitiva. Si la inflación baja, el banco central no tiene prisa por endurecer condiciones, el crédito no se encarece de golpe y el ciclo económico suele durar más. Ese “aire” extra se traslada a beneficios, valoraciones y, al final, a cotizaciones. En el contexto actual, el dato reciente de inflación interanual del 2,4% se interpreta como un viento a favor porque reduce la probabilidad de un giro agresivo de la política monetaria.
Para reforzar su argumento, Zweig-DiMenna recurre a Truflation, una medición privada que intenta estimar la inflación de EE.UU. en tiempo real a partir de un volumen enorme de datos (por ejemplo, precios observados en plataformas de consumo masivo). La tesis es clara: si mides con más frecuencia y con una cesta más amplia, puedes detectar antes los cambios de tendencia… y eso, en mercados, importa muchísimo.
Lo más provocador es el contraste: mientras el dato oficial rondaría el 2,4%, Truflation estaría marcando alrededor de 0,7% interanual. Si esa señal fuese la correcta, el mensaje sería directo: el ciclo tendría más recorrido y el mercado alcista podría durar más antes de que se endurezcan de verdad las condiciones monetarias.
Aquí conviene quedarse con la idea práctica, más que con la cifra exacta. No se trata de “quién tiene razón” en una décima, sino del concepto: si la inflación cae y el mercado lo percibe como una tendencia sostenida, el entorno suele ser más favorable para la renta variable. Y si, además, hay indicadores alternativos que apuntan a un enfriamiento aún mayor, el debate se desplaza rápidamente a lo mismo de siempre: tipos, liquidez y duración del ciclo.
Como detalle final, el propio fondo macro global de Zweig-DiMenna venía de un año positivo y arrancó el ejercicio con fuerza, lo que refuerza que el tema no es solo teórico: están intentando posicionarse para un escenario en el que la inflación pierda fuelle y el mercado tenga todavía “carretera” por delante.