La sesión de hoy arranca con una agenda económica relativamente pobre, por lo que el mercado seguirá mirando más a los grandes riesgos de fondo que a los datos del día. Según Giuseppe Dellamotta, la atención continúa centrada en dos frentes: la posibilidad de que la Reserva Federal adopte un sesgo más restrictivo y la última escalada entre Irán e Israel.
En la sesión europea apenas destacan referencias de segundo nivel, como la confianza del consumidor en Suiza y el índice Sentix de la eurozona. Son datos útiles para tomar el pulso económico, pero no tienen suficiente peso como para cambiar las expectativas sobre los bancos centrales.
Por tanto, salvo sorpresa muy acusada, la reacción del mercado debería ser limitada. En este momento, los inversores están mucho más pendientes de la inflación, del petróleo y de la trayectoria de tipos en Estados Unidos que de indicadores europeos menores.
En la sesión americana se publicará la encuesta de expectativas de inflación de la Fed de Nueva York. No suele ser una referencia de primer orden, pero puede ganar importancia en el contexto actual si muestra un repunte en las expectativas a medio y largo plazo.
El mes anterior, las expectativas de inflación a un año subieron hasta el 3,6%, desde el 3,4%, mientras que las de tres y cinco años se mantuvieron en el 3,1% y el 3,0%, respectivamente. Una subida en estos últimos plazos podría presionar a la renta variable y reforzar la idea de una Fed más incómoda con la inflación.
La clave no está tanto en el dato de hoy como en el cambio de percepción: tras el fuerte informe de empleo de EE.UU., el mercado empieza a contemplar de nuevo un escenario de endurecimiento monetario.
El fuerte dato de empleo publicado el viernes ha actuado como llamada de atención para los inversores. Las nóminas crecieron con fuerza y, además, las cifras de meses anteriores fueron revisadas al alza. La tasa de paro cayó hasta el 4,29%, frente al 4,33% previo.
Ese comportamiento del mercado laboral complica el escenario para la Fed. Si la economía sigue generando empleo por encima de su ritmo de equilibrio, el banco central puede tener menos margen para adoptar un tono complaciente, especialmente si la inflación vuelve a repuntar.
Tras el informe de empleo, el mercado ya descuenta completamente una subida de tipos antes de final de año, con un endurecimiento acumulado cercano a los 30 puntos básicos.
La tensión en el estrecho de Ormuz sigue siendo otro foco crítico. Si la situación no mejora, los precios del petróleo podrían mantenerse elevados durante más tiempo. El problema para los mercados es que un petróleo caro puede ser asumible con bancos centrales neutrales o dovish, pero resulta mucho más peligroso si coincide con una Fed hawkish.
En ese escenario, el golpe es doble: más presión inflacionista y mayor riesgo para el crecimiento. Por eso, el dato de IPC de Estados Unidos de esta semana se perfila como la referencia más importante para los activos de riesgo, salvo que antes se produzca un avance inesperado en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán.
La lectura para mercado es clara: una agenda ligera no equivale a una sesión tranquila. Con petróleo elevado, tensión geopolítica y temor a una Fed más dura, cualquier dato de inflación puede amplificar la volatilidad.