Después de varias semanas de tensión por la crisis iraní, Wall Street ha recuperado terreno con fuerza. El S&P 500 se encamina a su sexta semana consecutiva de ganancias y, junto al Nasdaq Composite, vuelve a situarse prácticamente en máximos históricos tras una recuperación en forma de V.
La pregunta para muchos inversores es evidente: ¿conviene vender cuando el mercado alcanza nuevos récords? Según Jules Rimmer, apoyándose en el análisis de Mark Haefele, director de inversiones de UBS Global Wealth Management, la respuesta histórica es clara: no necesariamente. Los máximos históricos, por sí solos, no han sido una mala señal para la renta variable.
UBS ha analizado datos de los últimos sesenta años y concluye que, tras alcanzar un nuevo máximo histórico, el S&P 500 ha generado de media una rentabilidad del 11,8% en los doce meses siguientes y del 22,8% en los dos años posteriores.
La conclusión es importante porque desmonta una idea muy extendida: que comprar en máximos implica necesariamente llegar tarde. En realidad, cuando los máximos vienen acompañados de beneficios al alza, liquidez suficiente y un entorno económico razonablemente favorable, el mercado puede seguir avanzando.
La historia sugiere que los máximos históricos no son una señal automática de techo. Lo relevante es si los beneficios, la política monetaria y el ciclo económico siguen acompañando.
Para UBS, los principales indicadores que deben vigilar los inversores son los beneficios empresariales y la continuidad de unas políticas favorables. La temporada de resultados del primer trimestre ha sido sólida y ha reforzado la confianza en que las compañías pueden seguir defendiendo márgenes y crecimiento.
A esto se suma el entusiasmo por la inteligencia artificial, que continúa actuando como uno de los grandes motores del mercado. El gasto en IA sigue siendo, según Haefele, uno de los pilares fundamentales para explicar el liderazgo bursátil actual.
El tercer soporte es la Reserva Federal. Si el banco central mantiene una tendencia más expansiva o acaba recortando tipos, el mercado tendría un apoyo adicional por menores costes de financiación y valoraciones más fáciles de justificar.
El riesgo geopolítico no ha desaparecido. La posibilidad de nuevas hostilidades en el Golfo Pérsico sigue siendo un factor a vigilar, especialmente por su impacto potencial sobre el petróleo, la inflación y las expectativas de tipos.
Sin embargo, UBS considera que la desescalada gradual sigue en marcha, apoyada en las declaraciones de Donald Trump sobre la vigencia del alto el fuego. Si los inversores logran desplazar el foco desde Oriente Medio hacia los fundamentales, el mercado podría seguir encontrando soporte en beneficios e inversión tecnológica.
El mercado está intentando mirar más allá de la geopolítica: mientras el conflicto no derive en un shock energético mayor, los beneficios y la IA siguen dominando la narrativa.
El gasto de capital previsto por las grandes tecnológicas en inteligencia artificial se sitúa en torno a 725.000 millones de dólares. Esta cifra explica por qué UBS mantiene una visión constructiva sobre chips de memoria, semiconductores avanzados e infraestructura tecnológica.
Pero la temática ya no se limita a las grandes tecnológicas. El auge de la IA también está beneficiando a compañías de servicios públicos, energía, electrificación, automatización e industria, todas ellas vinculadas al crecimiento de los centros de datos y a la mayor demanda eléctrica.
Esta ampliación del liderazgo es relevante. Cuanto más se extienda el impacto de la IA hacia sectores industriales, eléctricos y de infraestructuras, menor será la dependencia exclusiva de un puñado de megacaps tecnológicas.
UBS considera que muchos de estos factores también son aplicables a Europa. La firma prevé un crecimiento de los beneficios europeos del 25% durante los próximos dos años, apoyado en una mejora operativa y en sectores vinculados a inversión, automatización, electrificación y demanda energética.
Aun así, la firma mantiene su visión favorable sobre la bolsa estadounidense. Dentro del mercado, muestra preferencia por sectores como consumo discrecional, financieras, salud, servicios públicos e industriales, además de seguir siendo constructiva con las acciones relacionadas con inteligencia artificial.
La conclusión de UBS no es perseguir cualquier valor en máximos, sino entender que un mercado fuerte puede seguir siéndolo cuando los fundamentales acompañan. La historia muestra que los nuevos récords pueden abrir fases adicionales de rentabilidad, no solo marcar finales de ciclo.
Para los inversores, la clave está en diferenciar entre compañías que suben por inercia y aquellas respaldadas por beneficios, revisiones al alza, inversión estructural y exposición real a tendencias como la IA, la electrificación y la automatización.
En definitiva, los máximos históricos no deben interpretarse automáticamente como una señal de salida. Mientras los beneficios sigan mejorando, la Fed no endurezca el tono y el gasto en IA continúe acelerándose, el mercado conserva argumentos para prolongar su avance.