Enguerrand Artaz, estratega de La Financière de l’Échiquier (LFDE), analiza cómo deben reaccionar los inversores tras la operación estadounidense-israelí «Epic Fury» contra Irán. El mercado ha reaccionado de forma clásica ante el riesgo de shock de oferta en materias primas: caída de bolsas, subida moderada del dólar, avance de metales preciosos y repunte de petróleo y gas.
El recuerdo de la revolución iraní de 1978-1979 y del impacto del conflicto ruso-ucraniano sobre la inflación sigue presente. Sin embargo, el análisis actual sugiere un escenario menos extremo.
En el mercado de tipos se observa una dinámica igualmente clásica:
El Brent ha pasado de 60$ a comienzos de enero a cerca de 80$, un rango históricamente habitual. LFDE estima que podría subir algo más, pero ve poco probable que supere los 85$ en el escenario central.
El escenario considerado más probable es el de una operación militar breve, que abriría la puerta a negociaciones sobre la cuestión nuclear sin provocar un cambio total de régimen. El impacto económico sería temporal y moderado.
No obstante, existen focos de riesgo que podrían empeorar el panorama:
LFDE considera que un cierre completo de Ormuz sería un punto de no retorno para Irán y desencadenaría una respuesta contundente de EE.UU., además de ser dudosa su viabilidad técnica.
El mensaje central es claro: evitar sobrerreacciones. Históricamente, las bolsas europeas y estadounidenses suelen registrar comportamientos positivos entre uno y tres meses después del inicio de conflictos armados.
Las caídas abruptas pueden generar oportunidades tácticas para reforzar posiciones en compañías de calidad o iniciar posiciones en valores cuya valoración era previamente exigente.
LFDE mantiene además estrategias de protección ya implementadas en determinados fondos, especialmente en los diversificados, combinando disciplina y gestión activa del riesgo.
Coincidimos en que el mayor error ahora sería actuar bajo el impulso emocional. Mientras el Brent se mantenga en la franja 75-85$, el impacto macro es manejable. El verdadero riesgo sería una alteración prolongada del suministro.
Estrategia: mantener exposición selectiva a energía y defensa como cobertura natural, reducir compañías con alta sensibilidad a costes energéticos y aprovechar correcciones en valores de calidad con balances sólidos. La disciplina debe imponerse al ruido geopolítico.