Las bolsas europeas afrontan la última sesión de la semana con tono débil, en un mercado que sigue muy condicionado por la escalada en Oriente Medio y por el impacto que el repunte del petróleo puede tener sobre la economía. Las previsiones de apertura apuntaban a ligeras caídas en Londres, París y Fráncfort, prolongando así el sesgo negativo visto en la sesión anterior, cuando el Stoxx 600 cerró con un retroceso cercano al 0,7%.
La gran referencia para los inversores continúa siendo el mercado energético. El Brent se mantiene por encima de los 100 dólares, incluso después de que la Agencia Internacional de la Energía anunciara una liberación récord de reservas de emergencia. En paralelo, el crudo estadounidense WTI se mueve algo por debajo, pero sigue en niveles muy elevados para una economía global que ya arrastraba dudas sobre su ritmo de crecimiento.
El cierre efectivo del Estrecho de Ormuz se ha convertido en el principal factor de tensión. Tras varios ataques a buques en la zona, Washington ha planteado escoltas militares, aunque sus propios responsables admiten que no podrán activarse de inmediato. Mientras tanto, Irán mantiene una posición de firmeza y el mercado interpreta que el riesgo de interrupción en el tráfico marítimo sigue plenamente abierto.
Ese escenario explica que las medidas anunciadas por Estados Unidos y por la AIE hayan servido, de momento, solo para contener parcialmente el nerviosismo. El mercado entiende que liberar reservas ayuda a ganar tiempo, pero no resuelve el problema de fondo si el cuello de botella logístico permanece comprometido.
La tensión se ha trasladado también a Asia, donde varios índices cotizaron con caídas, reflejando el temor a que unos costes energéticos persistentemente altos terminen golpeando consumo, márgenes empresariales y expectativas de beneficios. En Estados Unidos, los futuros rebotaban con moderación, aunque Wall Street también acumula descensos en la semana, señal de que el mercado sigue lejos de haber descontado por completo el riesgo.