Las bolsas europeas se preparan para una apertura mixta este viernes, en una jornada marcada por la presión sobre los valores tecnológicos y, en especial, sobre las compañías vinculadas a semiconductores e inteligencia artificial. Según CNBC, los futuros anticipan ligeras subidas en Londres y París, mientras que Fráncfort podría comenzar con tono algo más débil.
Los futuros del FTSE 100 británico apuntan a una subida cercana al 0,1%, mientras que el CAC 40 francés podría abrir con un avance aproximado del 0,3%. En cambio, el DAX alemán se perfila para iniciar la sesión con una caída del 0,2%.
El comportamiento desigual refleja un mercado más selectivo, condicionado por la fuerte corrección de las grandes tecnológicas en Estados Unidos y Asia. No se trata, por ahora, de una venta generalizada de renta variable, sino de una rotación interna dentro del mercado.
La presión sobre el sector tecnológico se intensificó después de unos resultados de Broadcom que no convencieron al mercado. La reacción provocó ventas en nombres ligados a la inteligencia artificial y a los semiconductores, dos de los segmentos que más habían subido en los últimos meses.
El movimiento sugiere que los inversores empiezan a exigir más visibilidad en beneficios para justificar valoraciones exigentes. La historia de fondo de la inteligencia artificial sigue intacta, pero el mercado ya no parece dispuesto a premiar cualquier resultado sin discriminar.
La caída de Broadcom actúa como aviso: el mercado sigue creyendo en la inteligencia artificial, pero empieza a castigar con dureza cualquier decepción en las compañías más calientes del sector.
La corrección fue especialmente intensa en Corea del Sur, uno de los mercados más expuestos al ciclo de semiconductores. El Kospi llegó a caer un 4,3%, arrastrado por sus principales valores tecnológicos.
Samsung Electronics retrocedía un 4,3%, mientras que SK Hynix perdía un 7,6%. La reacción muestra hasta qué punto el mercado surcoreano depende del sentimiento hacia los chips de memoria y la inversión en infraestructura para inteligencia artificial.
En Estados Unidos, la sesión anterior dejó una imagen muy reveladora. El Dow Jones Industrial Average subió 874,86 puntos, un 1,73%, hasta cerrar en un nuevo máximo histórico de 51.561,93 puntos.
En cambio, el Nasdaq Composite, más expuesto a tecnología, perdió un 0,09% y terminó en 26.830,96 puntos. El S&P 500 avanzó un 0,41%, hasta los 7.584,31 puntos.
La lectura es clara: el dinero no está abandonando la bolsa, sino desplazándose desde los valores tecnológicos más exigentes hacia sectores más defensivos o compañías con menor dependencia del ciclo de inteligencia artificial.
La fortaleza del Dow frente al Nasdaq indica que el apetito comprador sigue vivo, pero con un sesgo mucho más prudente. El mercado quiere beneficios visibles, no solo expectativas.
En Europa, Nokia cerró con una caída superior al 6%, afectada por la recogida de beneficios en el sector tecnológico tras varios días de fuertes avances.
El retroceso encaja dentro de un ajuste más amplio en las compañías que habían subido con fuerza al calor del optimismo tecnológico. La clave ahora será comprobar si se trata de una pausa puntual o del inicio de una rotación más sostenida.
Además del ajuste tecnológico, los inversores siguen pendientes del conflicto entre Estados Unidos e Irán. El presidente Donald Trump afirmó que estaría “honrado” de reunirse con el ayatolá Mojtaba Khamenei, líder supremo de Irán, si ese encuentro sirviera para alcanzar un acuerdo.
La guerra entre ambos países se prolonga ya por cuarto mes y continúa bajo un frágil alto el fuego. Este factor mantiene una capa adicional de incertidumbre sobre los mercados, especialmente en energía, defensa, divisas y activos refugio.
En conjunto, la sesión europea llega marcada por una idea principal: rotación sectorial. Las bolsas no están mostrando una señal clara de pánico, pero sí una advertencia a los valores tecnológicos más sobrecalentados. Tras meses de fuertes subidas, cualquier decepción empieza a pagarse cara.