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El mercado volvió a tener un único director de orquesta: el petróleo. Según explica Juan J. Fdez-Figares, las idas y vueltas del crudo marcaron otra vez el comportamiento de las bolsas europeas, que cerraron con descensos aunque lejos de los mínimos del día. La tensión aumentó tras las declaraciones de Mojtaba Jamenei, partidario de mantener el cierre del estrecho de Ormuz, y después de que desde Estados Unidos se admitiera que las escoltas a petroleros todavía tardarán en llegar. El resultado fue claro: el barril volvió a instalarse cerca de los 100 dólares.
El problema ya no es solo el nivel del precio, sino la sensación de que el conflicto puede durar más de lo esperado. Esa idea ganó fuerza después de que Donald Trump afirmara que destruir el régimen iraní es una prioridad superior al coste de la energía. Para el inversor, ese mensaje refuerza el peor temor posible: que el petróleo permanezca elevado durante semanas y termine afectando a inflación, crecimiento y beneficios empresariales.
En Europa, los peores comportamientos se vieron en bancos, ocio y turismo —con las aerolíneas a la cabeza— y en construcción y materiales. En cambio, las pocas subidas llegaron de la mano de energía, utilities, telecos y algunas químicas. En Wall Street, el patrón fue similar: fuertes caídas en los grandes índices, castigo a las tecnológicas, a los fabricantes de semiconductores ligados a la IA, a industriales y a consumo discrecional, mientras los sectores energéticos y defensivos lograron aguantar mejor.
Como recuerda Fdez-Figares, la deuda tampoco ofrece refugio claro. Los bonos siguieron cayendo por el temor a que el encarecimiento energético obligue a los bancos centrales a endurecer el tono, justo cuando hace poco el mercado esperaba rebajas de tipos. En Estados Unidos, especialmente en la parte corta de la curva, las rentabilidades repuntaron con fuerza, reflejando esa revisión brusca de expectativas.
La sesión llega con una agenda macro intensa en EE.UU., con atención al PCE, al PIB del cuarto trimestre, a ingresos y gastos personales y al índice de confianza de la Universidad de Michigan. Pero, siendo realistas, el dato seguirá importando menos que una variable: qué hace el petróleo. Mientras no haya señales creíbles de desescalada en Irán, la volatilidad seguirá alta y el mercado continuará moviéndose al ritmo del crudo.