Según Sebastian Raedler, responsable de estrategia de renta variable europea en Bank of America, el mercado ha pasado de ver la inteligencia artificial como un catalizador puramente positivo a considerarla una herramienta de doble filo. Ese cambio de percepción está provocando una rotación fuerte: los negocios asset-light y muy intensivos en servicios sufren ventas agresivas, mientras que los habilitadores de IA y los activos físicos con baja obsolescencia —el bloque HALO— están batiendo claramente al mercado.
La banca europea, que durante años ha sido uno de los grandes ganadores sectoriales, también empieza a notar el golpe: ha cedido alrededor de un 5 % en las últimas semanas, presionada por el miedo a la disrupción de la IA y por las crecientes dudas en el mercado de crédito privado. A la vez, el sesgo HALO de Europa ha permitido que las bolsas europeas vuelvan a superar a un mercado estadounidense mucho más cargado de software.
Para Raedler, el mercado está revalorizando los modelos con barreras de entrada altas: intensidad en activos reales, funciones claramente críticas, protección regulatoria o procesos muy incrustados en los flujos de trabajo de los clientes. Sin embargo, la gran duda sigue siendo “cuánto” foso defensivo basta para proteger un negocio frente a una IA que se desarrolla a gran velocidad.
Desde una óptica deliberadamente contraria, Bank of America plantea el siguiente posicionamiento:
Raedler sostiene que el mercado solo está incorporando el riesgo de la IA a nivel de sectores, pero no a nivel de índices. Es decir, castiga a los sospechosos habituales, pero mantiene unas valoraciones agregadas que asumen una trayectoria de beneficios casi perfecta.
Bank of America subraya varios puntos incómodos:
Con este telón de fondo, BofA mantiene una visión negativa sobre la renta variable europea y una clara preferencia por defensivos frente a cíclicos.
El equipo de Raedler identifica varios focos de riesgo ligados a la IA que podrían cuestionar el rally de los últimos meses:
En conjunto, Bank of America estima un potencial de caída cercano al 15 % para la renta variable europea y de alrededor de un 10 % adicional de castigo relativo para los sectores cíclicos frente a los defensivos.