El arranque de 2026 ha sido todo menos tranquilo: volatilidad elevada, tensiones geopolíticas y ruido político constante desde Washington. Sin embargo, según recuerda Fred Imbert en su análisis original, el mes se cierra con un mensaje que los operadores de Wall Street miran con especial atención: el S&P 500 está a punto de terminar enero con una subida superior al 1%, lo que activa el conocido “barómetro de enero”.
El barómetro de enero es un indicador de estacionalidad sencillo: cuando el S&P 500 cierra enero en positivo, la experiencia histórica sugiere que el resto del año suele ser favorable para la renta variable estadounidense. Según los datos recopilados por el Stock Trader’s Almanac, en los años en los que este indicador ha sido positivo, el índice ha registrado de media una subida cercana al 17% en el conjunto del ejercicio.
Además, el barómetro ha acertado en 41 de las 46 ocasiones en las que enero terminó en verde, una tasa de acierto muy elevada para un indicador de este tipo. Como explica Jeff Hirsch, editor jefe del Stock Trader’s Almanac, cuando el mercado sube en enero, suele interpretarse como una confirmación de que Wall Street tiene una lectura optimista sobre crecimiento económico, beneficios empresariales, política y geopolítica.
En términos simples: un enero en positivo no garantiza nada, pero históricamente ha sido el mejor punto de partida posible para el resto del año bursátil.
Lo llamativo de 2026 es que este cierre alcista se produce en un entorno especialmente complejo. Durante enero hemos visto el ataque de Estados Unidos a Venezuela, el derrocamiento de Nicolás Maduro, amenazas arancelarias ligadas al intento de anexar Groenlandia y nuevas fricciones con aliados de la OTAN. Todo ello habría sido excusa suficiente para un mes claramente negativo.
La volatilidad lo refleja: el índice VIX llegó a tocar niveles no vistos desde principios de diciembre, señalando episodios de tensión en los mercados. Aun así, las bolsas han conseguido absorber esos golpes y recuperar terreno, hasta el punto de encadenar lo que sería el cuarto enero consecutivo en positivo para el S&P 500.
Que el barómetro se active en un mes tan cargado de ruido político y geopolítico refuerza el mensaje de fondo: el mercado, de momento, sigue apostando por crecimiento y beneficios sólidos.
Desde nuestro punto de vista, el barómetro de enero debe leerse como lo que es: un viento de cola estadístico, no una garantía. La historia sugiere que los años con enero positivo tienden a ser buenos, pero no evita correcciones intermedias ni episodios de alta volatilidad, especialmente en un entorno tan cargado de riesgo político como el actual.
Para los inversores, la combinación que deja este comienzo de año es interesante: una señal estacional favorable, unas bolsas que han demostrado capacidad de resistencia ante titulares muy duros y, al mismo tiempo, un nivel de ruido suficiente como para seguir viendo movimientos bruscos. Según el análisis de Fred Imbert, si las ganancias de enero se consolidan, el mercado entra en 2026 con la estadística de su lado, pero con el recordatorio permanente de que el camino rara vez es lineal.
En resumen, el “barómetro de enero” vuelve a encender la luz verde para la renta variable estadounidense. La experiencia dice que conviene respetar la señal, pero sin perder de vista que este año puede seguir estando marcado por sobresaltos políticos y geopolíticos que pondrán a prueba los nervios de los inversores.