Aranceles y volatilidad, el mercado ya ha aprendido a leer a Trump

Pedro del Pozo, director de inversiones financieras de Mutualidad

CapitalBolsa
Capitalbolsa | 09 jul, 2025 09:28 - Actualizado: 09:24
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Nos encontramos, una vez más, ante un episodio de fuerte tensión en torno a la política comercial de Estados Unidos, en este caso con el anuncio del presidente Trump de imponer aranceles significativos —de entre el 25% y el 40%— a catorce países a partir del 1 de agosto. Sin embargo, la reacción de los mercados ha sido, hasta ahora, contenida.

Lejos de producirse un shock inmediato, la renta variable ha mantenido niveles altos y la renta fija se ha visto más influida por factores internos que por el nuevo entorno arancelario.

Esto se explica, en parte, porque los inversores ya han aprendido a convivir con la lógica política del presidente norteamericano. El mercado parece haber interiorizado el patrón de idas y venidas que define muchas de sus decisiones. Hemos vivido ya varios episodios similares en los últimos años, con anuncios contundentes que después terminan matizándose. Lo que se ha venido a denominar, con cierta ironía, la política “TACO” —Trump Always Chickens Out— refleja bien esta dinámica. En nuestra opinión, ese conocimiento previo del comportamiento político ha actuado como amortiguador de la volatilidad.

Aunque no cabe duda de que vamos a seguir viendo episodios de volatilidad en las próximas semanas —como ya ha sucedido durante buena parte del mandato de Trump— el mercado no parece contemplar, al menos por el momento, un escenario extremo de guerra arancelaria global. Ese sería el peor de los desenlaces posibles: una política de máximos que afecte transversalmente a todo el comercio internacional. No es ese el escenario base que manejamos. Más bien, lo que vemos es una situación de negociación prolongada, como ocurrió con China o Vietnam, donde se van combinando fases de tensión con acercamientos parciales.

Aun así, es importante no subestimar el efecto acumulativo de estas medidas. A medio plazo, una política comercial imprevisible y con sesgo proteccionista puede introducir rigideces relevantes en la economía global. Ya hemos observado cierto impacto en los indicadores adelantados de actividad en Estados Unidos, como el ISM, así como un ligero enfriamiento en las previsiones de crecimiento. Aunque la economía estadounidense cuenta con una inercia muy sólida y potentes amortiguadores internos, pasar de tasas de crecimiento cercanas al 3% a escenarios de crecimiento del 1,5% es plausible si aumentan las restricciones comerciales.

El papel de la renta variable y la campaña de resultados

Pese a este contexto, la renta variable americana sigue instalada en zonas de máximos, con indicadores técnicos —como el RSI del S&P 500 o del Nasdaq— en niveles de clara sobrecompra. En ese sentido, no es sorprendente que asistamos a movimientos de consolidación. Lo relevante será ver si esa fortaleza se traslada de forma sostenida más allá del sector tecnológico. Con la reciente aprobación de estímulos fiscales y reducciones de impuestos, cabe esperar un repunte del consumo que debería beneficiar también a sectores de gran consumo y, por tanto, ampliar el rally a otras partes del mercado.

En este marco, la próxima campaña de resultados del segundo trimestre se convierte en un punto de inflexión. Va a ser fundamental observar no solo los datos del pasado, sino sobre todo las guías que ofrezcan las compañías para los próximos trimestres. Si se confirma que el impacto de la guerra comercial ha sido limitado o gestionado de forma eficiente, podríamos ver una recuperación del atractivo de las valoraciones. De hecho, el PER de las bolsas europea y americana se ha igualado, lo cual refuerza el papel que pueden tener los beneficios esperados como catalizador clave para la evolución de las cotizaciones.

Mercado de petróleo, política energética y entorno geopolítico

En paralelo, el anuncio de una aceleración de la producción petrolera por parte de algunos países exportadores, sumado al compromiso explícito del presidente estadounidense de reducir costes energéticos, introduce otra variable relevante en el análisis macro. Si eliminásemos —hipotéticamente— el componente geopolítico, lo que observamos es un exceso estructural de oferta a nivel global, que debería llevar al precio del crudo a niveles entre 10 y 20 dólares por barril por debajo de los actuales. Pero esa es una hipótesis difícil de sostener en el mundo real.

La estabilidad del mercado energético depende hoy, en buena medida, de factores políticos. Un cierre del Estrecho de Ormuz, por ejemplo, devolvería el crudo rápidamente a la zona de los 100 dólares. Por eso, si bien creemos que existen fundamentos para una corrección de precios por la vía de la oferta, reconocemos que cualquier previsión en este terreno está sujeta a riesgos que no se pueden modelizar con precisión.

Ideas de inversión: prudencia táctica y visión europea

En este entorno de elevada incertidumbre —arancelaria, energética y geopolítica— mantenemos una postura táctica de prudencia en renta variable estadounidense, especialmente tras las subidas recientes. Somos algo más constructivos con Europa, donde consideramos que la historia de revalorización aún tiene recorrido. España, en particular, ha quedado algo rezagada y podría beneficiarse si se revalorizan temáticas ligadas al gasto público y al ciclo interno.

En renta fija, la normalización observada en las curvas europeas —con bajadas de rentabilidad en los tramos cortos y cierta presión al alza en los largos— nos lleva a considerar razonable empezar a tomar algo más de duración, siempre con enfoque en calidad. Bonos públicos y corporativos de buen rating siguen siendo la base sobre la que construir cartera en este escenario. No descartamos episodios de volatilidad, pero creemos que deben interpretarse más como oportunidades de entrada que como motivo de retirada.

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