Estos cinco indicadores visuales ofrecen pistas sobre el posible rumbo de la renta variable tras un noviembre agitado. El cierre de octubre en máximos históricos fue seguido por uno de los peores arranques de mes en décadas, condicionado por dudas en valoración y por el debate sobre el siguiente movimiento de tipos en Estados Unidos.
La protagonista macro del mes no ha sido una sola variable, sino la pepita psicológica oculta tras los números. Noviembre fue la primera prueba real para la narrativa alcista de 2025: el S&P 500 logró esquivar por muy poco la pérdida mensual, apoyado por una racha de cinco días consecutivos al alza en la fase final del mes.
Uno de los focos de atención fue el sector de inteligencia artificial, donde el capital mostró sintonía táctica con las compañías mejor posicionadas en el diseño y entrenamiento de chips alternativos. Pero más allá de la narrativa tecnológica, emergen tres vectores que consideramos centrales para la lectura técnica y estratégica del mercado: amplitud, comportamiento del insider y flujos de capital internacionales.
La amplitud del mercado —el porcentaje de acciones que suben frente al total del índice— se contrajo antes incluso de que el S&P 500 marcara cierre récord a finales de octubre. Ese patrón de descenso en la participación suele ser suelo quebradizo en fases de corrección.
Desde mediados de noviembre, esa proporción se ha recuperado con claridad: más del 54% de las acciones del S&P 500 han logrado situarse por encima de sus medias de 200 sesiones. Nosotros interpretamos este dato como clave: la amplitud suele adelantarse al precio, y cuando la participación crece, el rally puede dejar de depender de unos pocos valores tractores.
En octubre, el ratio ventas/compras de insiders se disparo de forma inusual por encima de 27. Esto se interpreta como oleada de ventas por directivos ejecutivos que, en la mayoría de los casos, no tiene poder predictivo claro porque puede obedecer a impuestos, liquidez puntual u otros motivos.
Pero en noviembre, ese ratio cayo con fuerza hacia 2,5. Nosotros lo leemos así: hay muchas razones para vender, pero solo una para comprar: esperar revalorización. Por eso, este descenso tan vertical en la proporción coincide con un aumento de compras de insiders en sus propias compañías.
El insumo de la IA ha dejado una división de narrativa técnica entre casas que diseñan modelos e infraestructuras alternativas de computación, especialmente en compañías expuestas a la temática de chips y entrenamiento de grandes modelos. No obstante, no consideramos que esa división invalide el ciclo general.
Donde sí vemos sintonía es en el sesgo comprador sectorial: mutual funds y hedge funds coinciden en salud e industriales, segmentos que aportan liquidez y visibilidad. La divergencia aparece en megacaps tecnológicas de alto PER; ahí la lectura es táctica, no estructural.
En abril apareció el susto arancelario que provocó ventas sincronizadas globales. Pero el mensaje de abandono extranjero en EEUU no se ha cumplido. En los 12 meses hasta septiembre, las entradas netas de capital en acciones estadounidenses marcaron 646.800 millones de dólares, el mayor ritmo comprador exterior del que se tiene registro reciente. En otras palabras, el inversor internacional no se escondió del mercado, se abalanzó sobre él.