Giuseppe Dellamotta
El S&P 500 ha vuelto a girarse a la baja en un momento en el que el mercado empieza a mostrar una fatiga evidente con el discurso político. Según explica Giuseppe Dellamotta, los inversores ya no están reaccionando con el mismo alivio a las declaraciones de Donald Trump sobre un posible final próximo de la guerra con Irán. El problema es sencillo: el mercado ya no quiere promesas, quiere hechos.
La consecuencia es clara. A medida que se alarga el conflicto, reaparecen los temores sobre el petróleo, la inflación y el impacto económico global. Y eso está devolviendo al índice estadounidense a una posición más frágil, tanto desde el punto de vista fundamental como técnico.

El detonante del nuevo deterioro fue el repunte del riesgo geopolítico tras las informaciones sobre el despliegue de minas iraníes en el estrecho de Ormuz y los nuevos ataques a buques en la zona. Eso volvió a impulsar el precio del petróleo y reactivó la aversión al riesgo.
En paralelo, Trump insistió en que ya queda poco por atacar en Irán y que la guerra terminará pronto. Pero esta vez el mercado apenas reaccionó. Según el análisis original, los operadores están dejando de dar credibilidad a esa narrativa, porque la estrategia de sostener la estabilidad bursátil con mensajes tranquilizadores mientras la guerra sigue abierta está perdiendo efectividad.
Cuanto más se prolonga la guerra, más evidente es el riesgo de un impacto económico más serio. El petróleo sigue siendo el gran termómetro del mercado: cada nueva subida del crudo reabre el miedo a una inflación más persistente, a menor margen de maniobra para la Reserva Federal y a un deterioro del crecimiento.
Por eso el sesgo de mercado vuelve a moverse entre neutral y bajista. No se trata solo de una corrección técnica puntual, sino de una pérdida de confianza en la capacidad del mercado para seguir ignorando una guerra abierta con implicaciones energéticas globales.
Desde el punto de vista técnico, el gráfico diario deja una referencia muy clara. El S&P 500 ha retrocedido por debajo de la zona de resistencia de 6.760 puntos, una cota que vuelve a convertirse en el gran nivel a batir por parte de los compradores.
Mientras el índice siga por debajo de esa franja, el escenario favorece nuevas ventas con objetivo en la zona de soporte de 6.530 puntos. Solo una ruptura clara al alza permitiría pensar en una recuperación más sólida con proyección hacia el área de 6.900.
En el gráfico de cuatro horas, la presión bajista sigue definida por una directriz descendente que marca la estructura correctiva. Mientras esa línea no sea superada, los vendedores mantienen ventaja táctica y cualquier rebote puede ser visto como oportunidad para volver a presionar a la baja.
En el gráfico horario ocurre algo parecido. Una línea de tendencia bajista de menor plazo sigue guiando el impulso vendedor, lo que refuerza la idea de que el mercado necesita una ruptura técnica clara antes de poder hablar de una mejora real del tono.
En condiciones normales, las peticiones semanales de subsidio por desempleo, el índice PCE, la confianza del consumidor de la Universidad de Michigan o los datos de empleo vacante serían referencias capaces de mover mercado. Pero ahora no lo son tanto. El foco sigue estando casi exclusivamente en la guerra entre Estados Unidos e Irán.
Eso significa que incluso una macro razonable puede quedar anulada si el frente geopolítico empeora. El mercado, ahora mismo, no está operando datos: está operando riesgo.
La situación del S&P 500 es más delicada de lo que parece. El índice sigue relativamente alto, sí, pero cada vez tiene menos apoyo narrativo. Si el mercado deja de creer en el relato de un final rápido de la guerra, la prima de riesgo geopolítica puede volver a ampliarse con rapidez.
Nuestra visión es prudente: mientras no recupere 6.760 puntos, el sesgo técnico sigue favoreciendo más caídas. En este entorno no conviene pelearse con el gráfico ni comprar relatos políticos sin confirmación real en el terreno.