IREN se está consolidando como uno de los nombres más llamativos dentro del cambio de narrativa que vive el mercado: de antigua compañía vinculada a la minería de criptomonedas a proveedor de infraestructura para inteligencia artificial. Según el análisis de Todd Gordon, fundador de Inside Edge Capital, el valor se aproxima a una zona técnica clave que podría confirmar una nueva fase alcista si logra superar resistencias relevantes.
La transformación de IREN se apoya en el crecimiento de los ingresos por servicios de inteligencia artificial en la nube, que prácticamente se duplicaron en el tercer trimestre fiscal, desde 17,3 millones hasta 33,64 millones de dólares.
La compañía todavía tiene que demostrar una mejora clara de sus finanzas, pero los últimos acuerdos firmados apuntan a un cambio estratégico relevante. IREN ha anunciado una alianza con Nvidia para un contrato de cinco años de servicios de IA en la nube, con despliegue de GPU Blackwell y una capacidad de 60 megavatios en Texas.
Nvidia recibió un derecho a cinco años para comprar hasta 30 millones de acciones ordinarias de IREN a un precio de ejercicio de 70 dólares por acción, lo que supondría una inversión potencial de hasta 2.100 millones de dólares.
Además, Microsoft firmó en marzo un acuerdo de 9.700 millones de dólares con IREN para acceder a sus chips Nvidia GB300. Para respaldar ese contrato, IREN cerró a su vez un acuerdo separado con Dell para adquirir equipos por valor de 1.800 millones de dólares.
La tesis de inversión se apoya en un crecimiento potencial muy elevado, aunque no exento de riesgos. Las proyecciones recogidas por Gordon apuntan a que los ingresos podrían pasar de 764 millones de dólares este año a 3.100 millones en el ejercicio fiscal 2027, 5.820 millones en 2028 y 9.550 millones en 2029.
El problema es que ese crecimiento exigirá fuertes inversiones y puede presionar el flujo de caja libre durante los próximos años. Por tanto, no se trata de una historia fundamental limpia, sino de una apuesta de alto potencial condicionada a que la compañía ejecute correctamente su transición.
Desde el punto de vista técnico, Gordon observa una figura clásica de taza con asa, con una posible ruptura en torno a los 75 dólares. La media móvil de 50 días se sitúa cerca de los 48,78 dólares, mientras que el volumen medio de negociación de los últimos 50 días alcanza unos 45 millones de acciones.
El gestor ya ha incorporado IREN a sus cuentas de inversión rápida y contempla añadir una posición inicial del 1%-2% en su cartera de crecimiento, con límites de pérdidas si el precio retrocede hacia la zona de los 60 dólares.
IREN representa una de las historias más agresivas dentro del ecosistema de infraestructura para IA. Su atractivo está en la magnitud de los contratos firmados y en la posibilidad de que el mercado empiece a valorarla como un proveedor estratégico de capacidad computacional.
El riesgo es igualmente claro: fuerte necesidad de capital, presión sobre flujo de caja libre, ejecución compleja y dependencia de que la demanda de infraestructura de IA siga creciendo a gran velocidad.