Tesla cerró el pasado viernes con una caída del 2,59% hasta los 438,07 dólares, poniendo un broche bastante amargo a un ejercicio 2025 que, sobre el papel, prometía mucho más de lo que finalmente ha entregado. Los datos de producción y entregas del cuarto trimestre han confirmado lo que el mercado ya venía empezando a descontar: el crecimiento no ha estado a la altura de las expectativas que la propia compañía marcó a comienzos de año.
A principios de 2025, Elon Musk hablaba abiertamente de crecimientos de ventas de entre el 20% y el 30%. La realidad ha sido muy distinta. Tesla ha cerrado el año con una caída interanual de más de 150.000 vehículos, incumpliendo tanto las estimaciones internas como las del consenso del mercado.
El cuarto trimestre tampoco ha servido para maquillar el ejercicio. A pesar de los programas de incentivos lanzados tras el fin de los créditos fiscales en EE. UU. y del adelanto de compras en mercados como Noruega, las entregas se han quedado por debajo de lo esperado. Además, la compañía reconoce un aumento de inventarios cercano a 16.000 vehículos, concentrado sobre todo en los Model 3 y Model Y, una señal que conviene no ignorar.
En otras palabras: Tesla ha tenido que empujar la demanda con incentivos… y aun así no ha alcanzado los números que el mercado esperaba.
El contrapunto positivo vuelve a estar en el negocio de almacenamiento energético. Las instalaciones alcanzaron los 14,2 GWh en el trimestre, un nuevo récord que mejora los ya sólidos datos del tercer trimestre. Es, hoy por hoy, el área que aporta algo de credibilidad al relato de crecimiento del grupo y la que explica por qué muchos inversores siguen dispuestos a pagar una prima por el valor.
Uno de los grandes pilares de la valoración de Tesla sigue siendo la conducción autónoma y la red de robo-taxis. Sin embargo, al cierre de 2025, la realidad vuelve a chocar con el discurso. Lejos de cubrir “la mitad de EE. UU.”, como se llegó a sugerir, el servicio sigue limitado a muy pocas ciudades y con conductores de seguridad a bordo.
No es la primera vez que los plazos se estiran, pero el mercado empieza a mostrar menos paciencia. Cada retraso erosiona la confianza y obliga a justificar una valoración que descansa, en gran parte, en ese futuro autónomo.
A precios actuales, Tesla cotiza cerca de 200 veces el beneficio ajustado esperado para 2026. Para un fabricante de automóviles, incluso con un componente tecnológico evidente, es una valoración extremadamente exigente. Comparada con otros fabricantes de vehículos eléctricos, Tesla es la única que genera beneficios y caja de forma consistente, pero la prima que paga el mercado es enorme.
El consenso de analistas sitúa el precio objetivo medio claramente por debajo del nivel actual, lo que implica potencial bajista incluso tras las correcciones recientes.
Desde el punto de vista técnico, la caída del viernes mantiene a Tesla en una fase de consolidación tras perder momentum desde máximos. La zona de 450–460 dólares se ha convertido en resistencia clara de corto plazo, mientras que los 420–410 dólares actúan como primer soporte relevante. Perder este último nivel abriría la puerta a una corrección más profunda, mientras que solo una recuperación sostenida por encima de resistencias devolvería credibilidad al tramo alcista.
Nuestra lectura es clara: Tesla sigue siendo una compañía extraordinaria, pero el mercado empieza 2026 exigiendo resultados tangibles. Con entregas flojas, promesas de autonomía retrasadas y una valoración muy ajustada, el riesgo está más en pagar demasiado hoy que en perderse una subida mañana.