Telefónica ha comenzado 2026 cumpliendo buena parte de lo que esperaba el mercado: mejora operativa en sus principales geografías, reducción de deuda, mantenimiento del dividendo y confirmación de objetivos anuales. Según Javier Molina, analista de mercado de eToro, la operadora presenta avances visibles en España y Brasil, aunque todavía no logra disipar todas las dudas que pesan sobre la acción.
La compañía facturó 8.127 millones de euros en el primer trimestre, con un crecimiento del 0,8%, mientras que el EBITDA ajustado aumentó un 1,8%. Ambas cifras se situaron ligeramente por encima de lo esperado por el consenso, un dato relevante en un sector europeo donde los inversores siguen penalizando cualquier señal de estancamiento.
Brasil volvió a ser el principal motor del grupo, apoyado en una evolución operativa sólida y en una mayor tracción comercial. España también mostró señales positivas, con una mejora del comportamiento comercial y el menor nivel de churn de su historia, lo que refuerza la estabilidad de su base de clientes.
Esta evolución permite a Telefónica confirmar sus objetivos para el conjunto del ejercicio, un elemento especialmente importante en un entorno todavía exigente para las telecos europeas. La compañía muestra más disciplina financiera y una mayor capacidad para defender márgenes, aunque el mercado continúa reclamando señales más claras de crecimiento sostenido.
La lectura operativa es razonablemente positiva: Telefónica mejora en sus mercados clave y reduce deuda, pero todavía necesita convencer al mercado de que puede crecer de forma más estructural.
Uno de los puntos más relevantes de los resultados es la evolución de la deuda. La deuda neta se redujo hasta los 25.342 millones de euros, reforzando la imagen de mayor control financiero del grupo.
Telefónica también confirmó el dividendo de 0,15 euros por acción, una de las principales razones por las que muchos inversores siguen manteniendo interés en el valor. En un sector de bajo crecimiento, la remuneración al accionista continúa siendo un factor de apoyo, aunque por sí sola no basta para cambiar la percepción bursátil.
El punto débil sigue estando en Hispam. Las pérdidas en esta región continúan pesando sobre la lectura global del grupo y limitan la capacidad de la acción para recuperar atractivo frente al mercado. Aunque la compañía ha avanzado en eficiencia y control financiero, los inversores siguen viendo esa exposición como un factor de incertidumbre.
Según Javier Molina, la bolsa reconoce la mejora financiera, pero sigue dudando de que Telefónica pueda transformar esa estabilidad en una narrativa clara de crecimiento. A una cotización próxima a los 3,85 euros, el valor mantiene debilidad relativa frente al mercado europeo y frente al propio Ibex 35.
El problema de Telefónica no es sólo cumplir objetivos, sino convencer de que puede volver a crecer. Sin esa percepción, el dividendo y la reducción de deuda actúan como soporte, pero no como catalizador suficiente.
En conjunto, los resultados del primer trimestre muestran una Telefónica más ordenada, con mejor evolución operativa, menor deuda y dividendo mantenido. Sin embargo, la acción sigue necesitando una señal más contundente de crecimiento, especialmente por el lastre de Hispam y por la falta de apetito inversor hacia el sector teleco europeo.