Ana Gómez Fernández, analista Renta 4 Gestora
Rovi ha dado un nuevo paso en su estrategia de expansión internacional con el cierre definitivo del contrato de compraventa firmado con Bristol Myers Squibb para adquirir una planta de fabricación de inyectables en Arizona, Estados Unidos. La operación, anunciada en septiembre de 2025, se ha completado una vez cumplidas las condiciones previstas y sin que se haya producido ningún cambio adverso relevante desde su firma.
El cierre llega además dentro de los plazos esperados, ya que estaba previsto para la primera mitad de 2026. Desde un punto de vista estratégico, el movimiento encaja plenamente en el objetivo de Rovi de reforzarse como una de las grandes plataformas de fabricación de inyectables de alto valor añadido a nivel global.
La adquisición de esta planta en Estados Unidos supone un hito importante para la compañía, no solo por el activo industrial en sí, sino por lo que representa a nivel de posicionamiento. La entrada directa en el mercado estadounidense permite a Rovi diversificar capacidad productiva, reforzar su presencia internacional y acercarse a potenciales clientes con intereses en el mayor mercado farmacéutico del mundo.
La lectura de fondo es clara: Rovi no está comprando solo una fábrica, sino una palanca para seguir escalando su modelo de negocio como CDMO, es decir, como fabricante para terceros de productos farmacéuticos de mayor complejidad y valor añadido.
Uno de los puntos más importantes de la operación es que Rovi ha firmado con BMS un acuerdo de fabricación vinculado a la planta adquirida. Ese contrato establece que la compañía seguirá produciendo para Bristol Myers Squibb en esas instalaciones durante un periodo mínimo de cinco años, con un pago mínimo anual de 50 millones de dólares.
Ese compromiso aporta una base inicial de ingresos y da cierta visibilidad al arranque del activo bajo control de Rovi. En las estimaciones para 2026, según el análisis, se recoge la mitad de ese importe. Es decir, el mercado ya tenía parte de este efecto incorporado, y por eso la noticia se considera positiva, pero de impacto limitado a corto plazo.
La verdadera creación de valor no dependerá tanto del cierre de la compra, que era algo esperado, como de la capacidad de la compañía para ampliar capacidad, captar nuevos contratos y rentabilizar la planta más allá del acuerdo inicial con BMS.
En definitiva, el cierre de la operación refuerza la tesis estratégica de Rovi y consolida su ambición internacional. Sin embargo, el verdadero examen no está en haber cerrado la compra, sino en cómo la compañía sea capaz de integrar el activo, desarrollar nuevos acuerdos comerciales y seguir creciendo en el negocio de fabricación para terceros sin deteriorar rentabilidad.
Por eso, aunque el mercado puede recibir la noticia de forma favorable, el grueso del valor potencial de la operación está más en el medio plazo que en el corto. La firma que analiza el valor mantiene su recomendación de sobreponderar y sitúa el precio objetivo en 95 euros por acción, al considerar que esta adquisición encaja bien con la hoja de ruta de crecimiento del grupo.