BBVA sigue siendo uno de los grandes nombres diferenciales dentro de la banca europea. La entidad cuenta con una franquicia de gran calidad y cuotas de mercado muy sólidas en México, Turquía y España, lo que le otorga una diversificación geográfica difícil de replicar.
El mercado mexicano es el auténtico motor del grupo, ya que aporta en torno al 60% del beneficio, con una economía que se beneficia del proceso de relocalización industrial y del impulso del nearshoring en el marco del USMCA.
Turquía, por su parte, aporta volatilidad pero también un importante potencial: las estimaciones apuntan a que el resultado del país podría prácticamente triplicarse de aquí a 2028, incluso asumiendo un nivel de provisiones más elevado. Este binomio de crecimiento en mercados emergentes y solidez en el negocio doméstico se traduce en una rentabilidad sobre el capital (ROTE) cercana al 22%, claramente por encima de la media del sector.
A estos factores se suma una política de retribución al accionista muy atractiva, con recompras de acciones en marcha o previstas, que refuerzan la creación de valor. Pese a ello, el banco sigue cotizando con descuento frente a sus comparables y respecto a su valor razonable estimado. Por todo ello, y según destaca Bank of America en su último informe, el perfil riesgo-recompensa de BBVA justifica mantener una clara recomendación de compra sobre el valor.