Julius Baer advierte: las olas de calor ya son una crisis sanitaria estructural
- Las olas de calor de 2026 habrían provocado más de 10.000 muertes adicionales en doce países europeos.
- Las personas mayores concentran la mayor parte del impacto, especialmente quienes superan los 65 años.
- Julius Baer reclama sistemas sanitarios más resilientes, mejores alertas y una mayor prevención de los riesgos asociados al calor.
Las olas de calor registradas en Europa durante 2026 han vuelto a poner de manifiesto el creciente impacto sanitario del cambio climático. Las temperaturas extremas ya no constituyen únicamente un problema medioambiental o económico, sino una amenaza directa para la salud pública y, especialmente, para las personas de mayor edad.
Según explica Damien Ng, del equipo Next Generation Research de Julius Baer, durante el episodio de calor extremo de finales de junio se registraron más de 10.000 muertes adicionales en doce países europeos. Más de 9.000 de esos fallecimientos correspondieron a personas de 65 años o más.
Las cifras proceden del sistema oficial de vigilancia de mortalidad EuroMOMO y reflejan la elevada vulnerabilidad de una población europea cada vez más envejecida ante episodios prolongados de temperaturas extremas.
El calor extremo se convierte en una amenaza sanitaria estructural
Las temperaturas superaron los 40 grados en varias regiones y contribuyeron a que Europa occidental registrara el mes de junio más cálido de su historia.
Los científicos consideran que un episodio de esta intensidad habría sido prácticamente imposible sin la influencia del cambio climático provocado por la actividad humana.
Para Julius Baer, el problema no se limita a un único verano. La tendencia apunta hacia olas de calor más frecuentes, duraderas e intensas, lo que incrementará progresivamente la presión sobre hospitales, servicios de urgencias, residencias y redes de atención social.
Alemania, entre los países más afectados
Alemania ha sido uno de los países europeos más golpeados por las temperaturas extremas.
El Instituto Robert Koch estima que se han producido alrededor de 5.120 muertes relacionadas con el calor durante 2026, la mayoría concentradas en el episodio de finales de junio.
Unas 4.270 víctimas tenían 75 años o más, lo que subraya la relación directa entre envejecimiento, enfermedades crónicas y vulnerabilidad frente al estrés térmico.
Las personas mayores presentan una menor capacidad para regular la temperatura corporal y suelen convivir con patologías cardiovasculares, respiratorias o renales que pueden agravarse rápidamente durante una ola de calor.
Miles de fallecimientos en Inglaterra y Gales
La situación también fue especialmente grave en Inglaterra y Gales.
Investigadores del Imperial College London, la Oficina Meteorológica británica y la London School of Hygiene and Tropical Medicine estiman que aproximadamente 2.700 personas fallecieron como consecuencia de las olas de calor registradas durante mayo y junio.
Solo durante el episodio de junio se habrían producido alrededor de 440 muertes diarias relacionadas con las temperaturas extremas.
Damien Ng destaca que la llegada inusualmente temprana del calor agravó el impacto. Muchas comunidades, servicios sanitarios y administraciones locales todavía no habían activado plenamente sus protocolos estivales.
Las olas de calor tempranas pueden resultar más peligrosas
Los episodios que se producen al comienzo del verano pueden generar una mortalidad especialmente elevada porque la población todavía no se ha adaptado fisiológicamente a las altas temperaturas.
Además, los hogares pueden no haber instalado sistemas de refrigeración, los centros sanitarios pueden encontrarse menos preparados y las alertas públicas todavía no haber alcanzado su máxima intensidad.
La combinación de exposición inesperada, falta de adaptación y menor preparación institucional aumenta el riesgo para las personas mayores, quienes viven solas y quienes padecen enfermedades crónicas.
Más presión sobre hospitales y servicios sociales
El aumento de la mortalidad relacionada con el calor plantea un desafío creciente para los sistemas sanitarios europeos.
Las altas temperaturas pueden provocar deshidratación, golpes de calor, problemas renales y un agravamiento de las enfermedades cardiovasculares y respiratorias.
Durante los episodios más intensos aumentan las llamadas a emergencias, las hospitalizaciones y la necesidad de atención domiciliaria. También se incrementa la presión sobre residencias, servicios sociales y redes de voluntariado.
Julius Baer considera imprescindible reforzar los sistemas de alerta temprana, mejorar la vigilancia epidemiológica y adaptar las infraestructuras sanitarias a un entorno climático más extremo.
Ciudades e infraestructuras deberán adaptarse
La respuesta no puede limitarse al ámbito hospitalario. Las ciudades europeas necesitarán adaptar viviendas, espacios públicos, sistemas de transporte y edificios asistenciales.
Entre las medidas más relevantes se encuentran la creación de refugios climáticos, el aumento de zonas verdes, la mejora del aislamiento térmico y la instalación de sistemas de refrigeración en centros destinados a personas vulnerables.
También será necesario identificar a quienes viven solos, reforzar la comunicación pública y garantizar que las alertas lleguen de forma rápida a quienes presentan un mayor riesgo.
La adaptación climática se convertirá así en una parte creciente de la política sanitaria y de la planificación urbana europea.
El envejecimiento saludable reduce la vulnerabilidad
Julius Baer también destaca la importancia de la prevención individual y del envejecimiento saludable.
Mantener una actividad física regular, controlar el peso corporal y gestionar adecuadamente las enfermedades crónicas puede mejorar la capacidad del organismo para afrontar episodios de temperaturas elevadas.
La conexión social también desempeña un papel importante. Las personas mayores que viven solas corren un riesgo superior si no disponen de familiares, vecinos o servicios asistenciales que puedan comprobar su estado durante una ola de calor.
La información sobre hidratación, medicación, ventilación y señales de alarma puede reducir el número de complicaciones graves, siempre que forme parte de una estrategia sanitaria coordinada.
Una prioridad sanitaria para las próximas décadas
El impacto del calor extremo sobre la salud europea seguirá aumentando si las temperaturas continúan elevándose y la población mantiene su tendencia de envejecimiento.
La combinación de cambio climático y mayor longevidad obligará a invertir en sistemas sanitarios más resistentes, infraestructuras adaptadas y políticas de prevención dirigidas a los grupos de mayor riesgo.
La conclusión de Damien Ng es que la protección de la salud futura dependerá tanto de la respuesta institucional como de la capacidad de fomentar estilos de vida saludables.
Europa afronta un desafío estructural que no desaparecerá cuando termine el verano. Las olas de calor se convertirán en una prueba cada vez más exigente para los sistemas sanitarios, la planificación urbana y las redes de protección social.