El riesgo pandémico aumenta mientras la vigilancia y la prevención siguen siendo insuficientes
- Los brotes de ébola y hantavirus muestran que el riesgo pandémico sigue infravalorado.
- La innovación biomédica avanza con rapidez, pero los sistemas de salud pública no siempre están preparados para aplicarla.
- Julius Baer considera clave reforzar vigilancia, prevención, intercambio de datos y resiliencia sanitaria.
Los recientes brotes de ébola y hantavirus vuelven a poner sobre la mesa una advertencia incómoda: el mundo ha mejorado su capacidad de respuesta ante crisis sanitarias, pero sigue sin valorar adecuadamente los riesgos pandémicos de fondo. Según Damien Ng, de Next Generation Research en Julius Baer, la brecha entre innovación médica y preparación real de los sistemas de salud continúa siendo demasiado amplia.
El ébola recuerda el coste de reaccionar tarde
El caso del ébola es especialmente ilustrativo. Se trata de una enfermedad conocida, con mecanismos de transmisión bien identificados, pero que puede escalar con rapidez cuando la detección se retrasa y los sistemas sanitarios locales están sometidos a presión.
El virus se transmite por contacto directo con fluidos corporales y, sin tratamiento, puede alcanzar tasas de mortalidad extremadamente elevadas. Por eso, el resultado de un brote depende en gran medida de la velocidad de la respuesta inicial, la capacidad de aislamiento, el rastreo de contactos y la confianza de la población en las autoridades sanitarias.
El problema no es solo la aparición de nuevos patógenos, sino la fragilidad de los sistemas encargados de detectarlos y contenerlos antes de que se propaguen.
Hantavirus: una amenaza distinta, pero igualmente relevante
El hantavirus representa un tipo de riesgo diferente. Su amenaza está más vinculada al aumento del contacto entre humanos y roedores, los cambios en los patrones de asentamiento, la presión sobre los ecosistemas y la transformación del uso del suelo.
Estas dinámicas crean nuevas vías de transmisión y subrayan la creciente imprevisibilidad de las enfermedades infecciosas. Los riesgos sanitarios ya no dependen únicamente de virus conocidos o de grandes brotes visibles, sino también de cambios ambientales, demográficos y sociales que pueden alterar la relación entre humanos, animales y territorio.
- Mayor contacto humano-animal por cambios en el uso del suelo.
- Nuevos patrones de asentamiento que elevan la exposición a vectores de transmisión.
- Mayor imprevisibilidad sanitaria en un entorno de riesgos más diversos.
La innovación avanza, pero no basta
Mientras estos riesgos aumentan, el capital sigue fluyendo hacia tecnologías biomédicas avanzadas. Julius Baer cita el caso de Isomorphic Labs, compañía londinense no cotizada que ha captado 2.100 millones de dólares en una ronda de financiación Serie B para escalar su plataforma de descubrimiento de fármacos basada en inteligencia artificial.
Este tipo de inversiones refleja la expectativa de que la IA pueda acelerar el desarrollo de medicamentos, ampliar las opciones terapéuticas y reducir los tiempos de investigación. Sin embargo, el avance tecnológico por sí solo no garantiza mejores resultados sanitarios si los sistemas encargados de desplegar esas innovaciones no están preparados.
La tecnología puede acelerar el descubrimiento de tratamientos, pero no sustituye la vigilancia temprana, la logística sanitaria, la distribución eficaz ni la confianza pública.
La brecha entre capacidad técnica y resultados reales
El riesgo, según Damien Ng, es que la innovación avance más deprisa que los sistemas de salud pública. La detección temprana, el intercambio de datos, la capacidad de distribución y la credibilidad institucional siguen siendo puntos críticos.
A ello se suma un factor especialmente delicado: la creciente desconfianza hacia las instituciones y la politización de la ciencia. Cuando la respuesta sanitaria se convierte en un debate ideológico, la coordinación se debilita y las medidas de contención pierden eficacia.
La pandemia de Covid ya mostró que disponer de tecnología avanzada no basta si fallan la comunicación pública, la cooperación internacional o la capacidad de ejecutar medidas preventivas de forma rápida y coordinada.
Dónde puede estar el mayor retorno de inversión
La conclusión de Julius Baer es que las mayores rentabilidades sociales y económicas en salud podrían venir cada vez más de reforzar capacidades previas a la crisis. No solo desarrollar nuevos medicamentos, sino invertir en los sistemas que permiten detectar, prevenir y contener los riesgos antes de que se conviertan en emergencias globales.
- Vigilancia epidemiológica más amplia y conectada.
- Intercambio de datos entre países, laboratorios y autoridades sanitarias.
- Prevención en zonas de mayor exposición a nuevos patógenos.
- Resiliencia sanitaria para absorber crisis sin colapsar.
El envejecimiento de la población, los cambios en el uso del suelo y la presión sobre los ecosistemas seguirán transformando los riesgos sanitarios. Por eso, la seguridad futura dependerá menos de respuestas improvisadas y más de la preparación estructural, la adaptabilidad y la capacidad de anticipación.