Berenberg rompe con la cartera clásica y apuesta un 45% por oro, metales y bitcoin

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Capitalbolsa | 23 abr, 2026

Puntos clave
  • Berenberg defiende una cartera muy poco convencional: 45% en oro, metales preciosos y bitcoin; 20% en materias primas; 35% en bolsa y nada en bonos.
  • La firma cree que los bonos ya no protegen como antes en un mundo de deuda elevada, dinero fiduciario más frágil e inflación persistente.
  • Su apuesta de fondo es clara: más activos reales, menos confianza en la renta fija tradicional y un sesgo mayor hacia bolsa internacional.

La gran idea de Berenberg es incómoda para la gestión tradicional, pero bastante coherente con el momento actual: si el mundo entra en una fase de más geopolítica, más gasto público, más inflación estructural y más necesidad de energía, los activos reales deberían pesar mucho más en las carteras. Por eso sus estrategas plantean una asignación radicalmente distinta a la clásica distribución entre bolsa y bonos.

Su propuesta es casi una declaración de intenciones. Nada de refugiarse en deuda soberana, nada de confiar en que los bonos sigan siendo la cobertura natural del riesgo. En su lugar, una cartera construida alrededor de oro, metales, bitcoin, materias primas y una exposición más selectiva a la renta variable. No es una recomendación táctica para unas semanas. Es una visión estratégica de fondo sobre cómo creen que ha cambiado el régimen de mercado.

Una cartera sin bonos

Lo más llamativo del planteamiento de Berenberg es precisamente lo que deja fuera: los bonos. La firma no asigna nada a renta fija porque considera que el viejo papel defensivo de este activo se ha deteriorado mucho en un entorno de endeudamiento soberano elevado, riesgo de depreciación de la moneda fiduciaria e inflación más resistente de lo que el mercado desearía.

Su lectura es sencilla. Durante años, una cartera equilibrada podía apoyarse en la idea de que los bonos servirían de colchón cuando la bolsa sufriera. Pero si los tipos siguen altos durante más tiempo, si la inflación se queda pegajosa y si los Estados continúan empujando deuda, esa protección deja de ser tan fiable. De hecho, Berenberg considera que el oro es hoy una cobertura bastante más apropiada que la deuda pública.

La tesis es dura pero clara: el bono ya no merece automáticamente el papel de activo refugio que tuvo durante décadas.

Por qué tanto peso en oro, metales y bitcoin

El corazón de la cartera está en lo que Berenberg llama “gold plus”: oro, plata, otros metales preciosos y bitcoin. En conjunto, eso supone un 45% del total. No es una apuesta pequeña ni un satélite decorativo. Es el pilar central de la estrategia.

Detrás de esa ponderación está la idea de que el nuevo mundo va a premiar los activos escasos y tangibles. Si la política monetaria pierde credibilidad relativa, si la geopolítica gana peso, si la represión financiera se hace más visible y si la inflación deja de ser un accidente temporal, los activos duros vuelven a ganar protagonismo. Berenberg no está comprando solo un rally en oro o bitcoin. Está comprando una visión del mundo donde el dinero duro y los activos reales recuperan poder frente a los instrumentos financieros más dependientes del sistema.

Materias primas y reindustrialización

El segundo gran bloque de la estrategia es un 20% en materias primas. Aquí la tesis conecta con varios vectores a la vez: reindustrialización, política de poder, mayor gasto fiscal, transición energética y necesidad creciente de infraestructuras. Berenberg cree que ese cóctel prolonga el superciclo de las commodities y hace especialmente atractivos los metales de transición como cobre, níquel o cobalto.

Es una idea bastante lógica. Si el mundo necesita más energía, más redes, más electrificación, más defensa y más capacidad industrial, entonces las materias primas dejan de ser un simple activo cíclico y pasan a formar parte del núcleo estructural de la cartera. Y en ese entorno, tener exposición real a esos activos puede servir tanto como motor de rentabilidad como cobertura frente a disrupciones de oferta.

Berenberg no solo quiere protegerse de la inflación. Quiere posicionarse donde cree que va a concentrarse el nuevo poder económico: energía, recursos y activos escasos.

La bolsa sigue dentro, pero con otro sesgo

El 35% restante se destina a bolsa, pero tampoco aquí la estrategia es la habitual. Berenberg favorece la renta variable internacional frente a la estadounidense, apoyándose en su expectativa de un dólar más débil y en una visión de reequilibrio global. Además, en bolsa prioriza sectores con perfil “para cualquier clima”, como utilities y telecoms, y áreas vinculadas al poder duro, la IA y los pagos digitales.

Esto también tiene lógica interna. Si el escenario macro es más blando en crecimiento, más tenso en oferta y más propenso a episodios de estanflación, entonces no cualquier segmento bursátil vale igual. La firma quiere exposición a compañías que puedan defender márgenes, beneficiarse del apoyo fiscal o tener un papel clave en la nueva arquitectura económica y tecnológica.

Qué lectura deja esta estrategia

La propuesta de Berenberg puede parecer extrema, y desde luego no es una asignación pensada para todos los perfiles. Pero tiene una coherencia clara: parte de la base de que el mundo ha cambiado y de que muchas carteras siguen construidas como si nada importante hubiera pasado. Si la era del dinero barato terminó, si la geopolítica volvió al centro del tablero y si la inflación ya no es una anomalía transitoria, entonces los pesos tradicionales entre activos pueden estar mal ajustados.

En el fondo, el mensaje es este: menos fe en los activos nominales y más apuesta por activos reales, escasos y vinculados al nuevo ciclo de poder, energía y reindustrialización. Eso no garantiza que esta cartera sea la mejor en todos los escenarios, pero sí explica por qué Berenberg cree que hoy tiene más sentido que una distribución clásica anclada en bonos.

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