Julius Baer advierte: la era del gas barato en Estados Unidos ha terminado.

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Capitalbolsa | 09 dic, 2025

Puntos clave
  • La brecha de precios del gas entre Estados Unidos y Europa se ha reducido de forma notable por el aumento del comercio de GNL.
  • Julius Baer considera que la era de la energía barata en EE. UU. ha terminado y que su dominio energético está cerca de su techo.
  • Europa sigue beneficiándose del nuevo mapa energético global, aunque gran parte del ajuste de precios ya se ha producido.

Norbert Rücker, responsable de Economía e Investigación Next Generation en Julius Baer, describe cómo el “Atlántico se está estrechando” en el plano energético. La brecha histórica entre los precios del gas natural en Estados Unidos y Europa se ha reducido de forma significativa: mientras los precios han repuntado en EE. UU., en el mercado europeo se han moderado, en buena medida por el aumento del comercio transatlántico de gas natural licuado (GNL).

En Estados Unidos ha ganado peso un relato de posible escasez energética, pero, según Julius Baer, ese discurso todavía no se sostiene en los fundamentales. Los niveles de almacenamiento se sitúan por encima de lo habitual para esta época del año y la producción continúa creciendo a buen ritmo, incluso con la entrada progresiva de nuevas capacidades de exportación.

Gas más caro en EE. UU., spread más estrecho con Europa


Los precios del gas estadounidense han superado la cota de 5 dólares, mientras que en Europa se mantienen por debajo de los 30 euros/MWh. Ajustando moneda y unidades, los precios en EE. UU. se sitúan por encima de los 15 euros/MWh, llevando el diferencial frente a Europa a niveles similares a los que predominaban durante gran parte de la década pasada.

El factor común es el crecimiento del comercio de GNL a través del Atlántico, que ha conectado de manera mucho más directa los mercados estadounidense y europeo, reduciendo la segmentación de precios que existía tras la crisis energética.

Rücker subraya que, pese al ruido en torno a la escasez, los datos siguen apuntando a un mercado abastecido: almacenamiento por encima de la media y oferta robusta. Al mismo tiempo, el auge de la inteligencia artificial y de los centros de datos aumenta el apetito eléctrico, pero la generación a gas en EE. UU. no ha repuntado frente al año anterior; gran parte de la nueva demanda se está cubriendo con renovables. Aun así, la era del gas “barato” en Estados Unidos habría quedado atrás, con unos costes energéticos más altos que se suman al encarecimiento de las redes eléctricas y terminan trasladándose, en parte, a la inflación del consumidor.

Fin del pico de dominio energético estadounidense


La nueva estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos toma como uno de sus pilares la idea de dominancia energética. Sin embargo, Julius Baer aprecia signos de que ese liderazgo está entrando en fase de madurez más que de expansión. Mientras las exportaciones de gas crecen, el comercio de petróleo se ha mantenido prácticamente estancado este año.

Tanto en crudo como en gas, la competencia por cuota de mercado aumenta: en petróleo, por el empuje de Brasil y de los grandes productores tradicionales; en gas, por la expansión de proyectos clave como los de Qatar, que reforzarán la oferta global en los próximos años.

Desde esta óptica, Julius Baer considera que el dominio energético de EE. UU. está alcanzando su pico más que ampliándose, y que este punto de inflexión responde más a dinámicas de innovación y economía de mercado que a decisiones políticas.

Europa, por su parte, sigue siendo una de las grandes beneficiadas del reajuste energético global: mayor acceso a GNL, diversificación de proveedores y una demanda internacional de gas —especialmente por parte de China— menos intensa de lo previsto. Todo ello ha favorecido una fase de “deflación energética” en el continente, aunque la mayor parte del ajuste de precios habría quedado ya atrás.

Reflexión de Capital Bolsa


Desde nuestro punto de vista, este “estrechamiento del Atlántico” en energía tiene varias lecturas para el inversor: por un lado, limita la ventaja competitiva de costes que disfrutaba la industria estadounidense frente a Europa; por otro, consolida un escenario de precios energéticos menos extremos en el Viejo Continente, lo que reduce riesgos de shock, pero también resta parte del viento de cola deflacionista.

Para las carteras, creemos que tiene sentido vigilar de cerca los nombres ligados a GNL, redes eléctricas, eficiencia energética y a la propia cadena de valor de centros de datos e IA, donde la energía es una variable clave de costes. En paralelo, el hecho de que el dominio energético de EE. UU. pueda estar en fase de techo sugiere que la dispersión regional seguirá siendo un factor a tener en cuenta, tanto en compañías de energía como en sectores intensivos en consumo energético a ambos lados del Atlántico.

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