El mercado energético resiste mejor de lo esperado pese al bloqueo parcial de Ormuz
- Julius Baer cree que el tránsito seguro por Ormuz puede abrir la puerta tanto a una normalización parcial como a una nueva escalada.
- El shock de oferta energética provocado por la guerra de Irán parece más manejable de lo inicialmente temido.
- Las rutas alternativas por el mar Rojo y el golfo de Omán están ayudando a reducir el impacto sobre las cadenas de suministro.
La guerra de Irán vuelve a poner a prueba la capacidad de resistencia de los mercados energéticos y de las cadenas globales de suministro. Según Norbert Rücker, responsable de Economía y Next Generation Research en Julius Baer, el anuncio de Estados Unidos de facilitar un tránsito seguro por el estrecho de Ormuz puede convertirse en un primer paso hacia la normalización, aunque también podría derivar en una nueva escalada si la tensión militar aumenta.
Por ahora, el mercado sigue en modo de espera. Faltan detalles importantes sobre cómo se organizará ese paso seguro, por lo que no parece probable un repunte inmediato del tráfico marítimo. Además, el bloqueo de las negociaciones y el refuerzo de la presencia militar mantienen abierto el riesgo de que el conflicto vuelva a intensificarse.
Un shock energético más contenido de lo previsto
Julius Baer reconoce que el conflicto se está prolongando más de lo esperado. El régimen iraní sigue firmemente asentado y ha adoptado una posición más extrema. A diferencia de la Guerra del Golfo de 1990, las infraestructuras energéticas no han sufrido daños masivos hasta ahora, aunque encontrar una solución política parece más complicado.
La parte menos negativa es que el shock de oferta de petróleo parece menor de lo que se temía inicialmente. Los inventarios están cayendo por las dificultades de comercio a través de Ormuz, pero lo hacen a un ritmo relativamente lento y manejable. Además, el desvío de exportaciones por rutas alternativas está reduciendo el déficit real de mercado.
La clave del análisis es que el mercado energético está tensionado, pero no roto. El déficit de petróleo se acerca más al 5% que al 10%, gracias a rutas alternativas, inventarios previos y cierta destrucción de demanda.
Las cadenas de suministro se han reajustado
El shock inicial obligó a una rápida reorganización de las cadenas de suministro. Según Julius Baer, ese proceso de reajuste parece haber avanzado bastante. La moderación parcial de los costes logísticos, de los márgenes de refino y de otros indicadores sugiere que el mercado ha encontrado nuevas vías para adaptarse al bloqueo parcial de Ormuz.
Gracias a estos ajustes, el suministro de combustible para aviación en Europa debería mostrar más resistencia de la prevista. Algo similar ocurre con el diésel en Australia, que hasta ahora ha aguantado mejor de lo que indicaban las primeras advertencias.
Además, los precios del crudo y de los productos petrolíferos siguen por debajo de los máximos de la crisis de 2022. Esto indica que los mercados no están descontando, al menos por ahora, el peor shock energético de la historia ni una crisis inminente de abastecimiento.
El gas resiste mejor de lo esperado
Uno de los puntos más llamativos del análisis es la resistencia del mercado del gas. Julius Baer señala que este mercado permanece sorprendentemente inmune al conflicto. En los meses actuales, la demanda de gas está determinada sobre todo por las centrales eléctricas.
En Asia y Europa se están produciendo cambios en el uso de combustibles para generación eléctrica, mientras que el aumento de exportaciones desde Norteamérica está ayudando a absorber temporalmente las interrupciones de Catar. Esta combinación limita el impacto sobre el equilibrio global del gas.
El conflicto golpea más al petróleo que al gas. Mientras el gas siga estable, el riesgo de una crisis energética generalizada será menor que en episodios anteriores.
Rutas alternativas y resistencia del comercio
Más allá de la energía, las rutas terrestres hacia puertos del mar Rojo y del golfo de Omán están manteniendo parcialmente abiertas las cadenas de suministro de metales, fertilizantes y otros bienes procedentes de Oriente Medio.
Esto significa que el conflicto está teniendo su mayor impacto sobre el suministro energético, pero no ha paralizado de forma generalizada otros sectores. Las rutas alternativas están actuando como válvula de escape y reducen la probabilidad de un shock global más amplio.
En conjunto, Julius Baer considera que la situación sigue siendo delicada, pero más resistente de lo que se temía inicialmente. La capacidad de adaptación de las cadenas de suministro da margen para una posible desescalada, aunque la normalización parcial del comercio en torno a Ormuz será esencial más adelante, especialmente después del verano.