El gráfico semanal: La historia se repite en la plata, pero ¿esta vez es diferente?
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- La plata ha sufrido una de las mayores caídas diarias de su historia, con desplomes superiores al 25%.
- Existen paralelismos con el episodio de los hermanos Hunt en 1980 y con las “meme stocks” de 2021, aunque con diferencias clave.
- A diferencia de entonces, hoy la plata tiene una fuerte demanda industrial y escasez de oferta física, lo que podría favorecer una recuperación futura.
- El precedente reciente del cobre sugiere que caídas extremas pueden revertirse cuando los fundamentales siguen siendo sólidos.
En una semana realmente impresionante en los mercados financieros, los resultados de Microsoft, pese a no haber sido malos (con una subida del 17% en los beneficios), no fueron bien recibidos por los inversores. La inquietud por la fuerte inversión comprometida por el gigante de Redmond desencadenó un desplome de alrededor del 11% en su cotización tras la publicación de las cifras y, en conjunto, una caída semanal del 7,6%, entrando ya en territorio técnico de corrección al haber recortado más de un 20% desde los máximos de 555 dólares por acción del pasado 25 de julio. Mientras tanto, Alphabet, el otro valor de referencia al que aludíamos la semana pasada, ha subido un 3% en el periodo y marcaba su récord histórico el jueves.
Pero, sin duda, el verdadero protagonista negativo de la semana ha sido la plata, con un desplome histórico de más del 30% en algunos momentos de la sesión del pasado viernes, para cerrar finalmente los futuros de marzo en el Comex en 85,25 dólares por onza, un 25,5% por debajo del día anterior. Se trata de la segunda mayor caída de la plata en una sola sesión en toda su historia, y hay muy pocos precedentes, en materias primas o en activos cotizados en general, de correcciones tan violentas en tan poco tiempo.
Cuando la historia rima: de los hermanos Hunt a las caídas actuales
Es casi inevitable recordar, como ya hacíamos en el Gráfico semanal del 8 de febrero de 2021, titulado “La plata frena el populismo especulativo”, el episodio de marzo de 1980, cuando la plata cayó un 50% en una sola sesión. Entonces, el mercado descubrió que las compras de los hermanos Hunt, que habían disparado la cotización al acumular cerca del 75% de las reservas mundiales, eran en realidad compras fuertemente apalancadas, asentadas sobre una posición extremadamente vulnerable y una subida en buena parte artificial.
El ajuste comenzó a principios de 1980, cuando los precios empezaron a caer y los hermanos Hunt no pudieron aportar las garantías adicionales exigidas en los famosos margin calls. La liquidación de sus posiciones por parte de los brokers provocó un desplome del 66% en apenas dos meses. A partir de ahí, la plata entró en una larguísima fase lateral-bajista y no recuperó el nivel previo a la caída, que fue de 48 dólares por onza, hasta el año 2025.
Del “Hunt trade” al “meme trading”: mismos excesos, actores distintos
Los paralelismos con lo sucedido el viernes pasado son evidentes, con una diferencia fundamental en los protagonistas. En lugar de dos grandes inversores concentrando posiciones, quienes han invertido de forma muy apalancada a través de los mercados de derivados han sido esta vez miles de inversores minoristas, entregados a la fiebre del meme trading. Han operado en plata de manera muy similar a como se hizo en 2021 con GameStop y otras acciones sin apenas valor fundamental, pero que vieron su cotización dispararse al calor de la especulación coordinada desde Reddit y otras redes sociales.
La mecánica de fondo se repite: posiciones apalancadas, elevada especulación, sensación de “subida imparable” y, cuando cambian las condiciones o suben las garantías exigidas, avalancha de ventas forzadas y capitulación. La historia se repite en sus patrones, aunque el contexto actual introduce matices muy relevantes.
Por qué esta vez la plata no es una simple “meme asset”
La gran diferencia respecto a 1980 o respecto a las meme stocks de 2021 es que la plata sí tiene un valor industrial muy claro. Su demanda está ligada a sectores estratégicos: placas solares, componentes de las redes 5G, semiconductores, centros de datos, inteligencia artificial, vehículos eléctricos o electrónica de consumo. Es decir, áreas que concentran buena parte de la inversión estructural de la nueva economía.
Al mismo tiempo, la oferta de plata es muy rígida y la disponibilidad física es limitada, lo que se traduce en una escasez de metal en el mercado spot y en inventarios en mínimos plurianuales. Todo ello ha generado una situación de backwardation, con el precio de contado por encima del de los futuros a plazo, y ha alimentado incluso el debate sobre posibles short squeezes si la demanda se mantiene firme mientras la oferta no responde.
Por tanto, a diferencia de episodios puramente especulativos en activos sin valor intrínseco claro, aquí existe un soporte de demanda industrial que no puede ignorarse. La cuestión no es solo si hubo exceso especulativo, sino cuánto tiempo puede mantenerse un precio deprimido cuando el uso real del metal sigue creciendo.
El precedente del cobre: una caída extrema… y una recuperación completa
Para entender mejor la situación, puede ser más útil mirar a un episodio mucho más reciente: lo ocurrido con el cobre el pasado 31 de julio. Ese día, los futuros del cobre llegaron a caer un 25% en una sola sesión, tal y como se aprecia en el gráfico que se adjuntaba en su momento, con la línea de color rojo marcando el desplome.
En aquel momento, unos datos macroeconómicos que apuntaban a cierta debilidad en China —que representa más del 50% de la demanda mundial de cobre— desencadenaron las ventas. La caída se aceleró por la liquidación forzada de futuros cuando los clientes no pudieron atender los margin calls, un mecanismo muy similar al que hemos visto ahora en la plata.
Lo relevante es que, pasado el shock inicial, el cobre recuperó completamente aquella caída. De hecho, tras una corrección del 3,8% en la última sesión comentada, los futuros cerraron en 5,96 dólares por libra, ligeramente por encima de los máximos del pasado julio. La clave ha sido, de nuevo, la demanda industrial estructural, vinculada a la transición energética y a la electrificación de la economía.
¿Puede la plata seguir el mismo camino que el cobre?
La gran pregunta ahora es si la cotización de la plata podría recuperarse con la misma rapidez con la que lo hizo el cobre tras su desplome. Los paralelismos son claros: demanda industrial robusta, oferta rígida, inventarios bajos y un shock de precios amplificado por posiciones apalancadas y ventas forzadas en mercados de derivados.
A corto plazo, el movimiento vivido el viernes refleja la “capitulación” de muchos inversores minoristas que habían entrado en la plata como si se tratase de una nueva meme trade. A medio y largo plazo, sin embargo, el desenlace dependerá de si la realidad industrial —la necesidad creciente de plata para tecnologías clave— se impone sobre el ruido especulativo de corto plazo.
La historia no se repite nunca exactamente igual, pero a menudo rima. En la plata, el patrón de euforia especulativa y corrección violenta se parece mucho al de otros episodios pasados. La gran diferencia, esta vez, es que detrás del precio hay una demanda real, intensa y difícil de sustituir. Esa es la variable que, probablemente, decidirá si el desplome actual queda como un episodio aislado o como el inicio de una fase bajista prolongada como la de los años ochenta.