El cierre de Ormuz amenaza el rebote económico y vuelve a disparar la energía
- La reducción del tráfico por Ormuz vuelve a impulsar con fuerza los precios del petróleo y del gas.
- El encarecimiento energético amenaza la recuperación económica y el proceso de desinflación.
- El aumento de los riesgos ha llevado al autor del análisis a reducir tácticamente la exposición de sus carteras.
El deterioro de la situación en el estrecho de Ormuz vuelve a poner en peligro el incipiente rebote de la actividad económica. La ruptura del alto el fuego entre Irán y Estados Unidos ha dejado prácticamente sin efecto tanto el acuerdo para reabrir esta ruta marítima como el marco previsto para futuras negociaciones.
La circulación de petroleros se ha reducido considerablemente y los precios de la energía han reaccionado al alza. Desde comienzos de julio, el Brent ha recuperado los 85 dólares por barril, con una subida cercana al 18%, mientras que el gas europeo ha alcanzado de nuevo los 55 euros por MWh, un 28% más.
Menos margen para contener el precio del crudo
Hasta ahora, la liberación de más de cuatro millones de barriles diarios procedentes de las reservas estratégicas había contribuido a amortiguar el impacto. Sin embargo, esta herramienta ya no ofrece el mismo margen de actuación.
El autor del análisis considera necesario volver a contemplar un escenario desfavorable. Incluso aunque no llegue a materializarse un bloqueo total, el simple aumento de la incertidumbre puede debilitar la confianza de empresas y consumidores.
La subida de la energía ya está erosionando el poder adquisitivo de los hogares y elevando los costes empresariales. Ante este contexto, el análisis señala que se ha optado por reducir tácticamente el riesgo en las carteras.
La recuperación económica pierde visibilidad
La nueva escalada llega en un momento especialmente delicado. Las encuestas de coyuntura comenzaban a mostrar señales de recuperación cuando se reanudaron las hostilidades en Oriente Medio.
En Estados Unidos, los últimos datos de inflación habían resultado más tranquilizadores. La tasa general descendió en junio hasta el 3,5%, frente al 4,2% de mayo, reforzando la idea de una moderación progresiva de los precios.
No obstante, el autor advierte de que esta tendencia podría verse interrumpida si el mercado energético no se estabiliza. Un petróleo persistentemente elevado dificultaría el descenso de la inflación, limitaría el margen de actuación de los bancos centrales y aumentaría el riesgo de desaceleración.
El estrecho de Ormuz vuelve así a convertirse en una de las principales amenazas para el crecimiento mundial. Su evolución determinará si la recuperación económica puede consolidarse o si el encarecimiento de la energía obliga a revisar nuevamente a la baja las expectativas.