Dólar débil, oro en récord y petróleo al alza: el precio de la incertidumbre política
- El arranque de 2026 ha estado marcado por choques geopolíticos que han disparado la volatilidad en divisas, materias primas y bonos.
- A pesar del ruido político, alrededor del 75% de las compañías del S&P 500 que han publicado resultados han superado las estimaciones de beneficio por acción.
- El dólar cayó a mínimos de cuatro años, el oro superó los 5.000 dólares y el petróleo repuntó hasta máximos de seis meses en un entorno de mayor prima de riesgo para los activos estadounidenses.
Enero ha puesto a prueba la tolerancia al riesgo de los inversores. El mes combinó una sucesión de sorpresas geopolíticas —incluida una operación militar en Venezuela y nuevas amenazas arancelarias— con una temporada de resultados razonablemente sólida en Estados Unidos. El resultado ha sido un mercado que consigue aguantar el tipo en los índices, pero con movimientos muy violentos en divisas, materias primas y deuda, en un contexto en el que los riesgos políticos empiezan a pesar tanto como los datos macro.
Geopolítica al mando: dólar débil, oro fuerte y petróleo al alza
Según el análisis original, el dólar estadounidense retrocedió hasta un mínimo de cuatro años, mientras que el oro superó la barrera de los 5.000 dólares por onza y el petróleo alcanzó un máximo de seis meses. El cobre también marcó nuevos máximos y los bonos del Tesoro a largo plazo sufrieron ventas, reflejando una recomposición de carteras ante el aumento de la incertidumbre política.
En paralelo, los principales índices bursátiles estadounidenses lograron cerrar enero en positivo, aunque con un comportamiento dispar: el S&P 500 avanzó alrededor de un 0,3% en la semana, mientras que el Dow Jones cedió en torno a un 0,4% y el Nasdaq Composite retrocedió cerca de un 0,2%, lastrado por resultados irregulares en las grandes tecnológicas.
Trump, Venezuela y la nueva prima de riesgo política
El giro en el sentimiento no puede entenderse sin la agenda de la Casa Blanca. El presidente Donald Trump abrió el año con una operación militar en Venezuela que terminó con la captura de Nicolás Maduro, lanzó amenazas arancelarias a socios europeos que se oponían a sus planes sobre Groenlandia y volvió a tensar el mercado del crudo con advertencias adicionales sobre Irán. Todo ello ha reforzado la sensación de que los riesgos geopolíticos pueden convertirse en un factor recurrente para los mercados durante 2026.
Gestores y estrategas citados en el artículo original coinciden en que los inversores perciben hoy a Estados Unidos de forma más nerviosa que hace un año. No solo por los movimientos militares o arancelarios, sino por el deterioro de las relaciones con aliados tradicionales como Europa y Canadá, lo que pone en cuestión el papel de los activos denominados en dólares como refugio automático.
En ese contexto, algunos inversores están reforzando posiciones en oro, alineándose con los bancos centrales que ya venían acumulando el metal como seguro frente a shocks políticos y monetarios. La consecuencia práctica es una mayor prima de riesgo exigida a los activos estadounidenses y una valoración más crítica del mercado de bonos del Tesoro, especialmente en los tramos largos.
Buenos resultados, pero eclipsados por la Casa Blanca
Que la política gane peso no significa que los fundamentos hayan dejado de importar. La economía estadounidense mantiene un tono resistente y la temporada de resultados del cuarto trimestre está siendo, en términos generales, positiva. Hasta el viernes, alrededor de un 33% de las compañías del S&P 500 había presentado sus cifras, y aproximadamente el 75% superó las estimaciones de beneficio por acción, solo ligeramente por debajo de los promedios de cinco y diez años, según datos recogidos por el análisis original.
Sin embargo, varios gestores apuntan que esta vez la temporada de resultados está ofreciendo menos “protección” de la habitual frente al ruido geopolítico. Incluso con unas ganancias razonables, el foco del mercado permanece en los movimientos de la Casa Blanca y en la incertidumbre sobre la política comercial y militar de Estados Unidos, lo que limita el impacto positivo de las sorpresas empresariales.
Dentro del segmento tecnológico, algunas grandes compañías han sufrido castigos significativos. Destaca el caso de Microsoft, cuyas acciones llegaron a caer cerca de un 8% tras publicar un crecimiento más débil de lo previsto en la nube y unos costes superiores a lo esperado. De cara a febrero, los resultados de compañías muy ligadas a la inteligencia artificial —como Palantir, AMD, Qualcomm, Alphabet o Amazon— seguirán marcando el tono del mercado y la percepción de los inversores sobre la capacidad del sector para sostener el ciclo de beneficios.
Una mezcla incómoda para el inversor
El mensaje de fondo que deja enero es una mezcla incómoda: fundamentos macro y empresariales razonables, pero crecientemente eclipsados por una política exterior más imprevisible y por dudas sobre el papel de los activos en dólares como refugio clásico. Tanto inversores estadounidenses como internacionales están revisando el peso de estos activos en sus carteras, exigiendo un plus de rentabilidad para compensar la mayor volatilidad política.
Si la tensión geopolítica no deriva en una desaceleración económica profunda, lo más probable es que el mercado termine normalizando otra vez estos episodios. Pero mientras tanto, la combinación de volatilidad elevada, resultados concentrados en unas pocas grandes tecnológicas y un calendario político cargado obligará a seguir gestionando el riesgo con más cuidado de lo habitual en 2026.