Del petróleo al plato: un posible super El Niño amenaza con disparar otra vez los precios de los alimentos
- La posible llegada de un super El Niño a finales de 2026 añade una nueva amenaza a los precios globales de los alimentos.
- El riesgo climático aparece en un momento especialmente delicado, con el encarecimiento de combustibles y fertilizantes por la guerra con Irán.
- Productos como cacao, aceites alimentarios, arroz y azúcar figuran entre los más expuestos si el fenómeno se intensifica.
El mercado empieza a mirar más allá de la guerra y a detectar otro foco de presión potencial sobre la inflación: el clima. Varios meteorólogos consideran cada vez más probable que a finales de este año se forme un El Niño especialmente intenso, un escenario que podría complicar todavía más la seguridad alimentaria mundial justo cuando el conflicto con Irán ya está tensionando el coste de la energía, los fertilizantes y la logística.
La amenaza no es menor. Si se confirma un episodio de gran intensidad, el impacto no se limitaría al tiempo atmosférico, sino que podría trasladarse con fuerza a la producción agrícola global. Y eso llega en el peor momento posible: con los mercados energéticos todavía frágiles, con el estrecho de Ormuz alterado y con el coste de los insumos agrícolas bajo fuerte presión.
Clima y guerra: el cóctel que amenaza los precios de los alimentos
La preocupación se apoya en una idea bastante sencilla: los precios de los alimentos están siendo presionados por ambos lados. Por una parte, los fenómenos climáticos extremos pueden reducir la producción en grandes regiones agrícolas. Por otra, un sistema alimentario todavía muy dependiente de los combustibles fósiles sufre cada vez que se disparan el gas, los fertilizantes, el transporte o los costes de envasado.
Ese doble golpe es el que convierte la posible vuelta de El Niño en una amenaza seria. El fenómeno, asociado al calentamiento de las aguas superficiales del Pacífico oriental tropical, puede alterar de forma notable los patrones de lluvia y temperatura en distintas zonas del planeta. Si alcanza una intensidad extrema, el daño sobre cultivos, disponibilidad de agua y rendimiento agrícola puede multiplicarse.
La clave es que el mercado alimentario podría enfrentarse a dos shocks al mismo tiempo: uno geopolítico, por la energía y los fertilizantes, y otro climático, por sequías, calor y escasez de agua en zonas productoras.
Algunos analistas advierten de que, en ese caso, el riesgo más importante podría no ser solo la escasez de nitrógeno o el encarecimiento del fertilizante, sino directamente la falta de agua y el deterioro de las cosechas. Es decir, aunque el conflicto de Oriente Medio se moderara, la presión sobre la alimentación mundial no desaparecería necesariamente.
Qué productos y regiones están más expuestos
Entre las materias primas agrícolas más sensibles a un episodio de El Niño figuran el cacao, los aceites alimentarios, el arroz y el azúcar. También aparecen amenazas para otros productos ligados a regiones tropicales, como café, té, plátanos, chocolate o incluso la carne dependiente de alimentación con soja.
En cuanto a países especialmente expuestos, varios analistas señalan a India, Australia, Brasil y Argentina, aunque por motivos distintos en cada caso. En África, además, se advierte de riesgos importantes para la campaña agrícola principal en zonas como Etiopía, Sudán del Sur y Sudán si las condiciones secas terminan imponiéndose.
Eso introduce una derivada clara: si el fenómeno climático se desarrolla con fuerza y coincide con un contexto de fertilizantes caros y cadenas logísticas tensionadas, la presión sobre los precios internacionales de los alimentos puede escalar con bastante rapidez. Y ahí el problema deja de ser sectorial para convertirse en macroeconómico y social.
La seguridad alimentaria vuelve al centro del riesgo global
El trasfondo es especialmente delicado porque el mundo ya parte de una situación de fragilidad. Millones de personas se encuentran en situación de inseguridad alimentaria, y una prolongación de la guerra con Irán combinada con petróleo por encima de 100 dólares podría empeorar claramente ese balance. Si a eso se añade un episodio climático severo, el golpe sería aún más duro.
Por eso algunos gestores y analistas empiezan a admitir que el verdadero riesgo para la inflación alimentaria global en 2026 quizá no esté solo en la guerra, sino en la combinación de guerra y clima. Separados ya son factores complicados; juntos pueden convertirse en una fuente de tensión mucho más seria para cosechas, precios y estabilidad social.
La conclusión es incómoda, pero bastante clara: el alto el fuego entre EE.UU. e Irán puede reducir parte del pánico inmediato en energía, pero no resuelve el riesgo de fondo sobre alimentos. Y si el super El Niño termina tomando forma, el mercado podría descubrir que el siguiente gran problema inflacionista no viene del petróleo directamente, sino del campo.
La lectura de mercado es directa: si la energía sigue cara y el clima empeora, la presión sobre la cesta alimentaria mundial puede intensificarse durante meses. No sería un shock puntual, sino una segunda ola inflacionista con consecuencias mucho más amplias de lo que ahora descuenta el mercado.