Bank of America desmonta el miedo a los años 70: la economía ya no depende del petróleo como entonces
Actualizado : 14:38
- Bank of America cree que la economía ya no se parece a la de los años 70: hoy es mucho menos dependiente del petróleo.
- Un shock del crudo sigue afectando a inflación y crecimiento, pero el impacto sería muy inferior al que provocó la estanflación de aquella década.
- El verdadero riesgo no sería tanto repetir los 70 como combinar menor crecimiento con algo más de presión inflacionista en un entorno todavía incierto.
La gran pregunta que sobrevuela los mercados desde que volvió a dispararse el petróleo es casi siempre la misma: ¿estamos entrando en un escenario parecido al de los años 70? En Bank of America creen que no. Y su argumento central es bastante sólido: la economía global actual, y en particular la de Estados Unidos, es mucho menos dependiente del crudo que hace cinco décadas.
La idea es sencilla, pero importante. En los años 70, una subida fuerte del petróleo se transmitía con mucha más facilidad al conjunto de la economía, disparando costes, castigando el consumo, hundiendo el crecimiento y alimentando la inflación. Hoy ese canal sigue existiendo, pero tiene bastante menos fuerza. No porque el petróleo haya dejado de importar, sino porque el tejido productivo, la eficiencia energética y la estructura económica han cambiado de forma profunda.
La economía consume mucho menos petróleo por unidad de PIB
Según el análisis de BofA, para generar la misma cantidad de producto hoy se necesita aproximadamente solo un tercio del petróleo que se utilizaba a comienzos de los años 70. Ese dato cambia bastante el tablero. Significa que, aunque el crudo vuelva a tensionarse, el efecto macroeconómico agregado debería ser bastante menos destructivo que en los grandes episodios de la OPEP o de la estanflación clásica.
El mercado tiende a reaccionar por comparación histórica inmediata. Ve petróleo al alza, conflicto geopolítico y riesgo de inflación, y activa el recuerdo automático de los 70. Pero BofA viene a decir que ese paralelismo es bastante perezoso. La economía de hoy está mucho más diversificada, es más eficiente y tiene una capacidad de absorción muy superior frente a un shock energético.
El mensaje de fondo es claro: petróleo alto no significa automáticamente estanflación severa. El contexto estructural ya no es el mismo.
Inflación y crecimiento siguen siendo sensibles, pero mucho menos
El punto más interesante del informe es el ejercicio con el que Bank of America intenta medir cómo ha cambiado esa sensibilidad. Su conclusión es que un shock del 10% en el precio del petróleo habría tenido en el pasado un efecto muy superior al que tendría hoy.
En los años 70, un movimiento así podía añadir alrededor de 90 puntos básicos a la inflación en Estados Unidos. Hoy, ese impacto se reduciría a cerca de 25 puntos básicos. En crecimiento, la diferencia es aún más llamativa: el coste estimado habría pasado de más de 70 puntos básicos a apenas unos 5 puntos básicos.
Eso no quiere decir que el petróleo ya no importe. Sería una tontería decir eso. Lo que significa es que el mecanismo de transmisión es mucho más débil. Por tanto, incluso en un escenario de escalada, la probabilidad de repetir un episodio como el de los 70 sigue siendo, a juicio de la entidad, bastante baja.
El shale ha cambiado las reglas para Estados Unidos
Otra razón clave detrás de esa mayor resiliencia es el cambio energético vivido por Estados Unidos desde la década de 2010. El auge del shale alteró por completo su posición estructural, hasta el punto de convertirlo en un exportador neto de energía. Eso también amortigua el impacto de los shocks del crudo sobre la economía estadounidense.
En otras palabras, EE.UU. ya no recibe una subida del petróleo igual que hace cincuenta años. Sigue sufriendo parte del golpe, especialmente a través del consumidor y de algunas cadenas de costes, pero también tiene una mayor capacidad de compensación interna. Esa diferencia es crucial para entender por qué los modelos de BofA no ven un desenlace de tipo setentero como su escenario central.
Este matiz importa mucho para mercado: si la economía americana aguanta mejor el shock, también cambia la lectura sobre beneficios, tipos y riesgo de recesión.
Más que un colapso, lo que aparece es una desaceleración incómoda
Eso sí, el informe no deja una imagen perfecta. BofA también reconoce que el crecimiento se está moderando. Su seguimiento del PIB del primer trimestre se sitúa en 1,9% en tasa trimestral anualizada, afectado en parte por unos datos más flojos de renta y gasto personal en febrero.
Por tanto, la idea no es que el mercado deba despreocuparse por completo. El petróleo caro puede seguir metiendo ruido y puede seguir restando algo de crecimiento al tiempo que complica el mensaje de inflación. Pero entre eso y un regreso a la gran estanflación de los 70 hay bastante distancia.
La conclusión más útil para el inversor es probablemente esta: el riesgo real no es tanto repetir los años 70 como entrar en una fase de crecimiento más débil con inflación todavía molesta. Y ese entorno, aunque menos dramático, también exige prudencia en valoraciones, en bancos centrales y en expectativas de mercado.