Trump desconcierta a las bolsas con su táctica “cuántica”, pero el mercado aguanta mejor de lo esperado
- Las bolsas han convivido con una fuerte volatilidad, pero el saldo semanal termina siendo mejor de lo que cabía esperar.
- Juan Carlos Ureta subraya que Trump vuelve a desconcertar a los mercados con mensajes contradictorios sobre Irán.
- El petróleo sigue siendo la gran variable de riesgo, aunque en varios momentos de la semana se ha producido un llamativo desacople entre crudo y renta variable.
Las bolsas han vuelto a enfrentarse a una semana dominada por la incertidumbre geopolítica, pero el desenlace final no ha sido tan negativo como muchos temían. Esa es, en esencia, la idea que plantea Juan Carlos Ureta: en un contexto marcado por la guerra con Irán y por las continuas contradicciones de Donald Trump, el mercado ha mostrado más capacidad de aguante de la prevista.
El comportamiento del presidente estadounidense ha sido, una vez más, una de las claves de fondo. Juan Carlos Ureta lo describe casi en términos de física cuántica: mensajes que parecen ir en dos direcciones al mismo tiempo, anuncios que se contradicen a las pocas horas y una sensación permanente de desconcierto. La duda es si se trata de una táctica de negociación o de una forma errática de ejercer el poder. Sea una cosa u otra, el efecto sobre los mercados es evidente: más ruido, más bandazos y una dificultad creciente para fijar un escenario central mínimamente estable.
Trump vuelve a mover el mercado con mensajes opuestos
La semana ha sido un buen ejemplo de esa dinámica. Las bolsas subieron con fuerza a comienzos de semana tras las palabras de Trump apuntando a una pronta retirada de Estados Unidos de Irán. Sin embargo, poco después llegó el giro: nuevas declaraciones amenazando con arrasar Irán y devolviéndolo “a la edad de piedra”. Dos mensajes que, al menos en apariencia, chocan de frente.
Esa secuencia explica buena parte de la volatilidad reciente. Pero, como señala Juan Carlos Ureta, lo realmente llamativo no es tanto el ruido, sino que, pese a él, las bolsas han terminado la semana con un saldo claramente positivo. Europa ha cerrado con avances importantes, con especial fortaleza en el Mib italiano, el Ibex y el Dax. En Estados Unidos, el Nasdaq ha sido el índice más fuerte, por delante del S&P 500 y del Dow Jones. Es decir, pese al temor dominante en la opinión pública, los mercados no han comprado del todo el escenario de catástrofe inminente.
El petróleo ya no manda igual que antes
Uno de los puntos más interesantes del análisis de Juan Carlos Ureta es la evolución del petróleo. Tradicionalmente, una subida fuerte del crudo suele presionar a la baja a la renta variable. Sin embargo, en esta ocasión esa correlación se ha roto en varios momentos relevantes.
El primer ejemplo se vio el martes, cuando las bolsas estadounidenses se dispararon tras las promesas de retirada de Trump, mientras el petróleo apenas retrocedía. El segundo, aún más llamativo, se produjo el jueves. Ese día el Brent subió un 8% y el WTI un 12%, pero las bolsas estadounidenses, tras una apertura débil, consiguieron girarse y cerrar con un tono bastante resistente. Para Juan Carlos Ureta, ese desacople no debe pasarse por alto, porque puede indicar que el mercado empieza a pensar que el impacto del petróleo sobre la economía ya no es tan automático ni tan devastador como en otras etapas.
A eso se sumó otra anomalía: el WTI terminó la sesión por encima del Brent, algo poco habitual y estadísticamente llamativo. No es un detalle menor. Sugiere que el mercado energético atraviesa una fase de gran distorsión, donde las referencias tradicionales empiezan a comportarse de forma menos predecible.
Los datos macro aún no confirman un deterioro grave
Otra razón que ayuda a entender la resistencia de las bolsas es que, por ahora, los primeros datos económicos no reflejan un deterioro especialmente alarmante. La inflación en la zona euro ha repuntado, y en Estados Unidos la gasolina ha alcanzado niveles elevados, pero el dato más relevante ha sido probablemente el informe de empleo norteamericano de marzo.
Tras un febrero muy flojo, la economía estadounidense creó 178.000 empleos en marzo y la tasa de paro cayó al 4,3%. Para Juan Carlos Ureta, estas cifras no dibujan todavía un escenario preocupante ni en inflación ni en crecimiento. Eso sí, la prudencia sigue siendo obligada: es pronto para sacar conclusiones definitivas y habrá que esperar a más indicadores para medir de verdad el efecto de la guerra sobre la economía.
¿Están las bolsas formando suelo?
En este contexto, Juan Carlos Ureta recuerda que la corrección bursátil no empezó con la guerra de Irán. Viene de meses atrás, primero en las grandes tecnológicas y después en otros sectores y activos. Marzo ha agravado ese proceso, pero también podría estar acercando al mercado a una zona de suelo.
Esa es la gran hipótesis de fondo: que las bolsas estén ya en una fase de formación de mínimos o, al menos, cerca de ella. No significa que el despegue esté asegurado ni que lo peor haya quedado definitivamente atrás. De hecho, el S&P 500 sigue por debajo de su media móvil de 200 sesiones y no puede descartarse un retroceso adicional hacia niveles de soporte más sólidos si el conflicto se recrudece de verdad.
Aun así, el cierre semanal deja una sensación menos negativa de la esperada. El VIX ha retrocedido claramente desde los máximos alcanzados al estallar la guerra, lo que sugiere que el mercado no está en modo pánico, sino en una fase de vigilancia tensa, pero todavía controlada.
La incertidumbre seguirá mandando
El mensaje final de Juan Carlos Ureta es bastante claro: todos los escenarios siguen abiertos. La teoría “cuántica” aplicada a Trump sirve como metáfora de un mercado donde la certeza brilla por su ausencia y donde lo sensato no es aferrarse a un único desenlace, sino convivir con varios escenarios posibles y asignar probabilidades a cada uno.
En los próximos días, las actas de la Fed, el deflactor PCE, el IPC de marzo y el índice de confianza de la Universidad de Michigan ayudarán a medir si la guerra está empezando a afectar de forma seria a crecimiento, inflación y sentimiento. Mientras tanto, la idea de un suelo en torno a los 6.500 puntos del S&P sigue sobre la mesa, aunque todavía sin confirmación suficiente. El mercado mejora en sensaciones, sí, pero sigue caminando sobre un terreno demasiado inestable como para lanzar campanas al vuelo.