Según Goldman Sachs, se ha abierto una oportunidad de compra generacional para las acciones
Actualizado : 19:30
- Goldman Sachs cree que se ha abierto una oportunidad de compra excepcional en la tecnología estadounidense tras su peor tramo relativo en medio siglo.
- La firma sostiene que el castigo ha sido excesivo frente al crecimiento previsto de beneficios y frente al reajuste de valoraciones ya producido.
- Según Peter Oppenheimer, el sector podría incluso comportarse de forma más defensiva en los próximos meses si el shock de crecimiento derivado de Irán limita las subidas de tipos.
La gran pregunta que deja el mercado este año es si la debilidad de la tecnología estadounidense es una señal de agotamiento estructural o una oportunidad poco habitual. Para Goldman Sachs, la respuesta se inclina claramente hacia lo segundo. El banco considera que el castigo sufrido por el sector ha alcanzado un nivel tan extremo en términos relativos que estamos ante una de las mejores ventanas de entrada vistas en décadas.
En el análisis recogido por Barbara Kollmeyer, el equipo liderado por Peter Oppenheimer sostiene que la tecnología atraviesa su peor racha de comportamiento relativo frente al mercado amplio en unos cincuenta años. Y precisamente ahí está la clave: cuando un sector con crecimiento fuerte, balances robustos y liderazgo estructural es castigado como si sus fundamentales se hubieran roto, conviene mirar dos veces.
La tecnología ha sido castigada mucho más de lo que justifican sus beneficios
La tesis de Peter Oppenheimer parte de un dato muy contundente: la tecnología ha sufrido uno de los peores episodios de rentabilidad relativa de las últimas décadas justo cuando sus beneficios siguen mostrando una fortaleza notable. Es decir, el mercado ha corregido las valoraciones con violencia, pero no se ha producido un colapso equivalente en las expectativas de crecimiento.
Ahí aparece la desconexión que Goldman considera más interesante. Mientras los inversores han rotado hacia sectores de vieja economía como energía, industriales, materiales o químicas, las grandes compañías tecnológicas han pasado a cotizar con múltiplos mucho menos exigentes, pese a seguir concentrando una parte desproporcionada del crecimiento esperado de beneficios.
El reajuste de valoración ya ha sido profundo
Otro punto central del argumento de Barbara Kollmeyer es el fuerte reseteo de las valoraciones. Goldman destaca que el PEG de la tecnología se ha comprimido hasta niveles que ya no reflejan euforia, sino escepticismo. De hecho, la firma subraya que ese ratio se sitúa ya por debajo del agregado global de mercado, algo muy poco habitual para un sector que tradicionalmente ha cotizado con una prima clara.
Dicho de forma simple: el mercado ha pasado de pagar por liderazgo estructural a exigir pruebas casi inmediatas de rentabilidad futura. Las dudas sobre el gasto en inteligencia artificial, el riesgo de disrupción en software y la rotación hacia compañías más cíclicas han provocado una compresión de múltiplos que, según Peter Oppenheimer, empieza a parecer excesiva.
Y ese es precisamente el tipo de contexto en el que suelen nacer las mejores oportunidades: no cuando todo es evidente y cómodo, sino cuando el sentimiento se vuelve demasiado pesimista frente a negocios que siguen generando caja, retornos sobre capital elevados y crecimiento real.
La IA no elimina la tesis; puede reforzarla
Gran parte del castigo reciente se explica por el miedo a que la propia inteligencia artificial termine erosionando el valor de algunos gigantes tecnológicos, especialmente en software. Sin embargo, el enfoque de Goldman Sachs es distinto. La firma no niega que exista ruido, pero cree que el mercado está sobredimensionando ese riesgo frente a la capacidad real del sector para capturar el siguiente ciclo de crecimiento.
En la lectura de Peter Oppenheimer, el gasto en infraestructura de IA, la monetización futura de nuevas capas de software y la capacidad de las grandes tecnológicas para seguir ampliando beneficios continúan siendo argumentos de peso. Por eso el banco no ve aquí un estallido tipo burbuja, sino más bien un reajuste severo dentro de una historia estructural que sigue viva.
Irán puede incluso reforzar el atractivo relativo del sector
Hay además un ángulo macro especialmente interesante. Según Barbara Kollmeyer, Goldman cree que cuanto más se prolongue la disrupción en torno al estrecho de Ormuz, mayor será el riesgo de un shock de crecimiento percibido por el mercado. Y si eso ocurre, el margen de los bancos centrales para seguir endureciendo condiciones puede verse limitado.
En ese contexto, la tecnología podría comportarse mejor de lo que muchos esperan. No porque sea inmune a una desaceleración, sino porque sus flujos de caja suelen ser menos sensibles al ciclo que los de muchos sectores industriales y, además, se benefician más de cualquier alivio en rentabilidades de los bonos. Es una idea incómoda para quien solo vea la tecnología como activo agresivo, pero tiene lógica en este momento del mercado.
No es una compra ciega, pero sí una zona mucho más interesante
Eso no significa que todo el sector se haya convertido de repente en una ganga indiscriminada. Significa algo más preciso: la relación entre riesgo y recompensa empieza a ser bastante más favorable que hace unos meses. Tras años en los que el argumento era que Estados Unidos y la tecnología cotizaban demasiado caros, ahora Goldman defiende que una parte relevante de ese exceso ya se ha corregido.
En resumen, Peter Oppenheimer plantea una tesis clara: la tecnología estadounidense ha pasado de ser el segmento más abarrotado y exigente del mercado a convertirse en una de las áreas donde el castigo empieza a abrir una oportunidad seria. No porque el ruido haya desaparecido, sino porque quizá el mercado ya ha descontado demasiado castigo para unos beneficios que siguen muy vivos.