La sombra de 1999 vuelve a planear sobre el rally de la inteligencia artificial

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Capitalbolsa | 30 jun, 2026

Puntos clave
  • Erik Conley advierte de que el ciclo de IA empieza a recordar a la burbuja tecnológica de 1999.
  • El riesgo no es la quiebra de los grandes líderes, sino una fuerte compresión de múltiplos.
  • El autor recomienda preparar carteras para un eventual reajuste de valoraciones.

El actual entusiasmo por la inteligencia artificial empieza a proyectar una sombra conocida sobre Wall Street: la de 1999. Así lo plantea Erik Conley, inversor y antiguo gestor institucional, que considera que el debate no debe centrarse en si las grandes compañías de IA son negocios sólidos. Lo son. La cuestión es si el mercado está pagando por ellas precios que ya descuentan un escenario demasiado perfecto.

Conley matiza que no está comparando a los actuales gigantes tecnológicos con las frágiles puntocom que desaparecieron tras el estallido de la burbuja. Su comparación es más relevante: compara a las actuales líderes de IA con los líderes tecnológicos de entonces, como Microsoft, Cisco, Intel u Oracle. Empresas dominantes, rentables y con balances fuertes que sobrevivieron, pero que sufrieron caídas muy severas cuando las expectativas dejaron de cuadrar con la realidad.

La historia no exige quiebras para hacer daño

El punto central del análisis es que una burbuja no necesita una ola de insolvencias para destruir valor. Basta con que haya sobreinversión, exceso de narrativa y valoraciones exigentes. En 2000, muchas empresas líderes no desaparecieron, pero sus accionistas soportaron caídas de entre el 60% y el 85% y, en algunos casos, una década perdida en términos de rentabilidad bursátil.

Para Conley, el ciclo actual de inversión en inteligencia artificial es el mayor boom de gasto corporativo de la historia. Si la monetización tarda más de lo previsto, o si la rentabilidad del capital invertido resulta inferior a lo esperado, el mercado podría aplicar una repricing muy agresiva incluso sin que los grandes hiperescaladores tengan problemas de solvencia.

La analogía no es que las grandes compañías de IA vayan a quebrar; es que incluso los mejores negocios pueden caer con fuerza si cotizan para la perfección.

2022 como aviso

El autor recuerda que 2022 ya ofreció un ensayo de lo que puede ocurrir cuando el mercado cambia el precio que está dispuesto a pagar por el crecimiento. Grandes compañías tecnológicas, líderes en sus sectores y sin problemas de supervivencia, llegaron a perder entre un tercio y tres cuartas partes de su valor en apenas un año.

La advertencia es clara: los hiperescaladores pueden seguir siendo negocios extraordinarios y, al mismo tiempo, ofrecer rentabilidades pobres si el punto de partida de valoración es demasiado exigente. El riesgo principal no es la desaparición de estas empresas, sino la compresión de múltiplos, la presión sobre márgenes, la sobrecapacidad y una caída en la rentabilidad del capital.

Qué debería hacer el inversor

Conley no intenta precisar si el mercado está en 1999 o en 1995. Reconoce que el rally podría prolongarse durante más tiempo y seguir marcando nuevos máximos. Pero sostiene que cuanto más tarde en llegar el ajuste de valoraciones, mayor puede ser el dolor posterior.

Su recomendación es práctica: tener un plan antes de que llegue la volatilidad. Revisar qué hacer con la liquidez disponible, identificar las posiciones más débiles, decidir qué valores están más caros y plantearse si tiene sentido recortar algunas posiciones tras el fuerte avance acumulado.

Conclusión

La tesis de Conley no niega la calidad de los grandes ganadores de la inteligencia artificial. Precisamente por eso resulta relevante. Las mejores compañías también pueden sufrir fuertes caídas cuando el mercado paga demasiado por el futuro. La historia de 1999 enseña que sobrevivir como empresa no siempre significa proteger las ganancias del accionista.

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